Siete cosas que casi nadie cuenta sobre el embarazo (VI)

Y aquí voy yo, de pesada, a contarte lo que es probable que todas las embarazadas olviden una vez que dejan de serlo. Porque tener el bebé en brazos tiene su magia, y la gestación también… aunque no todo el tiempo.

Yo no he tenido vómitos, así que omitiré esa mala experiencia de mi lista y la limitaré a aquello que sí he sentido. Espero que te sea útil.

  1. Una barriga pequeña puede ser un problema.

Cuando tienes entre dos y cinco meses, quizás te sientas insegura sobre las cosas a las que tienes derecho en Cuba como embarazada. Puede que no sepas si realmente debes solicitar el asiento amarillo en las guaguas, o que estando estos llenos nadie te ofrezca el suyo porque te confunden con una persona gordita. En las colas, difícilmente te prioricen porque la panza aún no se ve grande. Yo andaba siempre con mi tarjetón de embarazada en la cartera… por si acaso.

2. Una barriga muy grande también puede ser un problema.
Aunque un vientre enorme suele generar sentimientos afables, lo cierto es que también ocasiona contratiempos. Adáptate: no todo el mundo te mirará con buena cara, en especial no lo harán los choferes de los ómnibus urbanos, que deberán esperar por ti pacientemente (y paciencia les falta) mientras subes y encuentras un puesto. Tampoco tendrán buenos ojos para ti quienes hacen colas en las que te dan la preferencia, ni siquiera las personas impedidas físicas, pues verán mal que otros intenten priorizarte… porque, claro, no estás enferma. Se fuerte y exige tus derechos sin avergonzarte por ello.

3. Las comidas y el peso serán una tortura.
No importa si estás en el peso adecuado o, como yo, estás pasada: qué comes y qué tanto será un asunto frecuente a tratar en casi todas tus consultas. El peso que vayas adquiriendo se convertirá en un fantasma que te perseguirá a cada hora. Si no comes bien, es un problema porque no debes adelgazar. Si comes bien, es un dilema porque no debes aumentar muchos kilogramos. Y, ojo, durante la gestación, a veces pareciera que uno engorda, aunque no coma.

4. Las consultas interferirán con tu vida profesional.
Puede que pienses que un embarazo puede perfectamente llevarse mientras se trabaja. Comparto esa idea, pero, te darás cuenta de que no es una verdad absoluta. Incluso sintiéndote bien el 90% del tiempo de los 8 meses que trabajarás antes de salir de Licencia de Maternidad, habrá momentos en que deberás hacer un alto en el desempeño profesional:

  • los exámenes médicos de los tres trimestres y otros extras si tu médico estima que los necesitas;
  • las consultas quincenales con el doctor del consultorio familiar;
  • las interconsultas con especialistas de Genética, Ginecología, Nutrición, el Clínico, Psicología y Cardiología. Si, como yo, padeces de dolores de columna, agrega a esa lista el Ortopédico;
  • la Licencia de Maternidad.
  • 5. Los movimientos del bebé pueden no ser tan placenteros.

Una imagina que, cuando ya se sienten un poquitico, su bebé está dando volteretas allá dentro en la panza. O saludándote. Pero, cuando ya pasan 8 meses y él o ella tiene más fuerzas, los empujones en las costillas o en la barriga pueden no dejarte dormir… e incluso doler un poquitico. En mi caso, el bebé no para de moverse mientras estoy sentada o acostada. Solo consigo que se calme estando de pie… y de pie es imposible estar todo el tiempo, así que ya me voy acostumbrando a que él quiera como salirse de mi barriga o no me deje dormir. Espero que no sea tan travieso al salir…

6. Ir al baño se convertirá en tu actividad física más recurrente.
Es increíble la cantidad de veces que una embarazada puede ir al baño durante el día. Yo, entre las 6:00 a.m. y las 10:00 p.m. voy entre 15 y 20 veces. ¡Y no miento! Sé paciente contigo misma.

7. Estar de Licencia de Maternidad puede ser aburrido.
Para quien no está acostumbrada a permanecer tantas horas en casa, la Licencia de Maternidad puede ser todo un reto. Salí del trabajo, amparada por la ley, a las 34 semanas de gestación. Voy por 37 y ya no tengo nada que hacer en casa… salvo esperar a que nazca el bebé. Todas las tareas hogareñas me parecen pocas y rápidas de hacer. Y ya no tengo nada que preparar para la llegada de mi pequeño porque todo lo hice en la primera semana libre ¡ahí sí que no me aburrí!. ¿Consejo? Hazte una lista de cosas pendientes que no te ha dado tiempo hacer y pon manos a la obra. Ojo: recuerda que no debes realizar ningún esfuerzo físico intenso.

Historias clínicas y otros cuentos (I)

La consulta más larga (II)

El poder de una embarazada (III)

Cesárea programada (IV)

Papás (V)

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