Papás (IV)

Papás (IV)

Una puede elegir al papá de su bebé. Aunque por lo general, no se une a su pareja pensando en que tan buen papá será… La atracción predomina sobre la razón y, luego se impone la seguridad, el amor, y la certeza de que vivir juntos puede ser una buena idea. Después, usualmente, llega la fecundación… aunque hay parejas en las que el bebé se adelanta a cualquier posible planificación. Conozco varias.

Yo elegí al papá de mi bebé.

Como muchas chicas de 30 años antes tuve otras oportunidades, todas y cada una de las cuales se fueron desvaneciendo con el tiempo. Tenía la seguridad de que no había encontrado mi parada hasta que lo conocí. Y entonces, en la vida, hay momentos en los que uno debe decir: aquí es.

No ha nacido aún el bebé, a la altura de estas 37 semanas, y ya es un excelente papá. Por supuesto, ni sabía que eso era posible hasta que tuve mis 8 pruebas irrefutables J :

  1. Alegría inmensa el día que supo el positivo de la prueba de embarazo.
  2. Su acompañamiento responsable a cada una de las consultas importantes.
  3. La manera entusiasta e inagotable en que se ocupó de cada pequeño detalle (ligero y pesado) de la preparación para la llegada.
  4. Su preocupación constante acerca de cuánto y cómo me alimento.
  5. La compresión absoluta de que el embarazo no es una enfermedad, sino un estado del cuerpo, y por tanto la futura mamá, también profesional, tiene derecho a realizarse mientras se forma el bebé.
  6. Su asimilación consciente de lo importante de la nueva realidad cuando nos informaron que tendríamos un niño, y no una niña, como pensaba toda la familia.
  7. La preparación de la billetera para futuros contratiempos.
  8. Y sus graciosos ofrecimientos para “cargar” el bebé, cada vez que me ve caminar de la manera pausada y adolorida que me provoca este enorme vientre.

Cuando comenzamos a asistir a las consultas médicas que nos orientan en Cuba al principio de la gestación, los doctores miraban con asombro la presencia de mi esposo junto a mí, escuchando cada detalle como si él mismo estuviese “embarazado”.

Solo una recomendación o pregunta, tuvo cada especialista para él.

La Ginecóloga dijo que solo necesitaba que se protegiera, la de Genética preguntó por antecedentes de malformación en su familia… aun cuando especificó que le interesaban más los de la futura mamá, al Clínico solo le llamó la atención su tipo de sangre… aunque era el mío el que podía dar la mala nota, la Psicóloga advirtió que su presencia allí ya era buena señal, y la Nutrióloga lo llamó a fortalecer el bolsillo.

¿Resumen? Mi esposo llegó a la conclusión de que los papás no parecen ser tan importantes para los médicos. Por suerte, para las mujeres sí… aunque eso tiene sus pros y sus contras.

En estos 9 meses he tenido la oportunidad de escuchar muchas historias. La mayoría de ellas, de boca de otras embarazadas, son acerca del temido momento del parto… pero otras son sobre las parejas.

Parejas que no estuvieron nunca de acuerdo con el género del bebé en camino, que abandonaron la relación antes de llegar el nacimiento, que nunca se ocuparon de la criatura, que oyeron “embarazo” y huyeron “de la foto”; parejas desentendidas, parejas transitorias…

Escuchándolas, una pudiera pensar que quizás la razón de que los médicos se centren tanto en las madres pudiera ser, precisamente, la abundancia de esas anécdotas sobre los padres.

Pero entonces, en estos días de espera, te sientas a las 7:30 am en el portal de la casa y ves pasar tantos niños pequeños de uniforme de la mano de sus papás, que cargan mochilitas de todos los colores, y reestructuras tu pensamiento: algunas razones científicas tendrán ¿verdad? …..

Historias clínicas y otros cuentos (I)

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1 comentario en “Papás (IV)

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