Este cuerpo no es tuyo o 40 semanas (XVIII)

Siento que mi cuerpo no me pertenece. Los últimos días, al mirarme al espejo, me observo como una suerte de envase humano desesperado. Y, contrario a lo que sospechaba, mi bebé no parece estar muy apurado por salir de ahí dentro.

Se mueve intensamente, con fuerza, como si en cualquier momento fuera a romper esa especie de bolsa que lo separa de la salida definitiva al mundo exterior, pero no lo hace….

O no tiene fuerzas, o no tiene ganas, o está muy cómodo.

Llegar a las 40 semanas de gestación transmite cierta extraña sensación. Una imagina que, para este momento, ya el bebé debiera estar entre la familia, en especial porque en la mayoría de las anécdotas escuchadas en el consultorio o el policlínico casi todas las embarazadas han dado a luz en la semana 38 o 39.  

Solo te das cuenta de que es normal estar en las 40 sin que nada haya pasado, cuando asistes a la Consulta de Gestante a Término, en el Hospital de Maternidad. Allí, en la cola, todas las chicas están como yo: a punto a reventar con tanta barriga y locas por conocer a sus hijitos.

Pero hay que ser pacientes, dice la doctora.

La última de estas consultas fue desesperante, casi tanto como la primera, aquella en la que me “batearon” la cesárea recomendada por el ortopédico a las 38 semanas de gestación.

Esta vez asistí, acompañada por mi esposo y con la secreta esperanza de que me ingresaran de una vez para inducir el parto y conocer a mi pequeño. Pero no. Hay protocolos que una desconoce. Está establecido, por ejemplo, que si no tienes factores de riesgos —que es mi caso, pues a pesar del sobrepeso soy “normotensa” y mis niveles de azúcar están en orden— te autorizan a esperar en casa una semana más a que se presente el parto natural.

O sea, no debo volver hasta que haya cumplido las 41 semanas… si es que no se me sorprenden antes los síntomas que anuncian la llegada de un nuevo ciudadano al mundo. 

Lo único agradable de esta última visita a Maternidad fue ver a mi bebé, nuevamente, gracias a un ultrasonido. Se nos reveló apretadito debido al poco espacio, y grande, pesando 7.92 libras. Según su papá si me comía un pan, alcanzaría inmediatamente las 8. También se encuentra en posición cefálica, listo para alegrarnos la vida con su arribo.

Ahora ya no me atrevo a aventurar ninguna posible fecha de nacimiento. He sido decepcionada tantas veces que en este momento solo espero… e imagino cómo será la vida familiar cuando él esté.

¿Cómo ordenaré mis actividades?¿Cuáles son las cuestiones más inmediatas a resolver tras dar a luz? ¿Cómo harépara que las heridas del parto sanen pronto? ¿De dónde sacaré tiempo para el ejercicio y la superación profesional?…Se aceptan consejos.

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