Carta para mi bebé aún por nacer (XII)

Querido Arielito:

Sospecho que, físicamente, te parecerás mucho a mí. Heredarás mi complexión rellena, los ojos pardos, el pelo negro y lacio… De tu papá tendrás las extremidades largas, pestañas como de película, una mirada traviesa y una hiperactividad a prueba de paciencias que, por si acaso, también te llegará de tus dos tíos más cercanos.

De tu abuelita materna, si no heredas su energía y capacidad de hacer, te la inyectaré yo. No acepto una negativa en esa herencia de estilo Milán. Y de la paterna, esperemos que absorbas toda la inteligencia y la dedicación que pone a la familia y a cada proyecto profesional.

Me gustaría que eso también lo heredaras de tu abuelo materno, igual que sus ojos verdes, pero bueno… ya googlé esas cosas genéticas y tienes un 75% de probabilidades de que te salgan de color café. Y del abuelo paterno debes lograr esa facilidad inaudita para las manualidades. Aquí tampoco aceptaré un no por respuesta.

Hay otras personas, que no pertenecen a nuestra familia pero que he conocido en mis 30 años de vida y a las que llamo “amigos”, de las cuales me gustaría que tomaras cualidades. Pero, como ahí la genética no influye, dejaré que aprendas conociéndolos y viajando … porque andan dispersos por ahí. No te quedará más remedio.

En diciembre, te pasaré revista a ver si mi imaginación cumplió su cometido…. O si eres mucho más de lo que pude fantasear mientras espero dar a luz.

Hablando de otro tema. ¿Te sientes bien? A veces imagino que ya andas incómodo allá dentro. Lo digo por las maneras bruscas y repetidas en que te mueves, como solicitando el espacio grande que espera en la cuna.

Tus movimientos son como mensajes, la forma más visible en que te comunicas conmigo por las mañanas después de tomar la leche que prepara el abuelo Wilfre, quien también nos hace los almuerzos y las comidas después de las cuales, invariablemente, haces ondular mi barriga como si le dieras unas estrepitosas gracias.

Lástima que no todo el mundo tenga paciencia para ver como bailas allá adentro una y otra vez, porque —debo decirte— en ocasiones demoras demasiado en repetir los pasos. Solo la abuelita Meylin y la tía Rosy se arriesgan a esperar al lado de la panza hasta que reaccionas, aunque en eso se les vayan las 24 horas del día. Son inagotables cuando se trata de ti.

Imagino que bailas cuando estás contento. Pero hay otras circunstancias, casi siempre de noche, cuando sospecho que protestas. ¿Por qué protestas? ¿Es que recuerdas que no has nacido?

En estas 38 semanas juntos he aprendido a conocerte un poquito.

Sé, por ejemplo, que desde las 20 y pico de semanas no te gustaba que trabajara. La silla del periódico se te hacía insoportable y dabas patadas en mis costillas para avisarme de que, por favor, redujera la jornada laboral. Te desagradaban los consejos editoriales de las 11:00 a.m.; supongo que porque retrasaban de manera invariable tu alimentación. Siempre le daba tu mensaje a mi jefa, podrás preguntarle después….

He descubierto además que el ruido te altera. La novela brasileña, debido al alto volumen del TV que los abuelos insisten en mantener, te alborota. Igual que los sonidos de la abuelita Elsa cuando nos regala una de sus acostumbradas “peleítas de mamá”, aunque en este caso opino que me defiendes. No te preocupes, ya tendrás tiempo de recibirlas tú también y, para que sepas, son de cariño. No es necesaria la protección.

Otro hallazgo es la certeza de que el chocolate te encanta… pero has provocado que a mí me desagrade. Eres demasiado intenso cuando te lo doy y ¡no me dejas dormir! Porque hablando de dormir… no descansas mucho que digamos. Antes, cuando tenías menos tiempo ahí dentro eras imperceptible, pero ahora, a menos que seas un poco sonámbulo, solo te quedas tranquilito entre las 2:00 de la madrugada y las 9:00 a.m. de la mañana.

¿Piensas mantener ese ritmo cuando nazcas? Pobre papá, que trabaja todo el día y debe ayudar a mamá a levantarse de la cama, o a acomodarse cientos de veces con el objetivo de convencerte de que estés quietecito. Por tu comportamiento nocturno deduzco que no te gusta mucho nuestra cama, eso al menos me tranquiliza… porque tu cuna no debe quedarse sin habitante. Dicen que es peligroso que duermas con mamá y papá.

Mi muy esperado bebé, ya voy a terminar. Te reto a que desafíes mi imaginación y salgas como quieras… incluso chino, si ese fue el gen de la familia que agarraste al formarte.

Sorpréndenos con tu llegada, pero no demores. Estoy desesperada. Me sobran las horas y los días. No aguanto esperar ni un segundo más de vida para dedicarme a ti, pero aquí afuera.

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