Abuelos (XVII)

Hay abuelos y abuelos.

Que yo recuerde, casi toda mi vida viví solo con mi papá, mamá y hermana. Mis abuelos habitaban casas lejanas de la mía, aunque en la misma provincia, y por tanto la relación con ellos era cariñosa pero lejana. Mis primos criados cerca fueron más afortunados.

De los bisabuelos, solo conocimos una, que falleció cuando éramos pequeñas… Y de los hermanos de mis abuelos, ocasionalmente escuchábamos anécdotas o nos presentaban alguno porque por casualidad se encontraba en el mismo sitio que mis padres.

No recuerdo que mis abuelos nos hicieran muchos regalos. Al contrario: éramos mi hermana y yo quienes, religiosamente, cada cumpleaños les entregábamos un presente. También los visitábamos los fines de semana y en las vacaciones. Ahora solo vive una de ellos, mi abuela materna, con quien la relación se estrechó en la misma medida en que avanzaron los años y tanto mi hermana como yo fuimos conscientes de lo valioso de la familia cuando se tiene tan amplia y vital.

La historia de mi bebé no será parecida a la nuestra.

Desde que corrió la voz con la noticia del embarazo, mi mamá, no sabe qué hacer con tanta alegría. Todo lo quiere doble: la cuna, los pañales, las sábanas, la ropa, los biberones… nos duplicaría al bebé y a mí, si se pudiera, para tenernos a su lado las 24 horas del día. Este será su primer nieto, pero ya anda pensando en el segundo (“porque debe haber un segundo”, dice) y en los futuros descendientes de mi hermana menor. Se ha vuelto una especialista en obtener cuestiones indispensables para la crianza, a precios increíblemente baratos.

La abuela paterna, que ya tuvo su primera experiencia con mi sobrinito Thiago, tiene todo un maletín de consejos e ideas creativas a la mano. Su especialidad es como solucionar los problemas. ¿Meriendas? “Las de mi trabajo”; ¿Dinero? “Los ayudo”; ¿Mucha tela antiséptica pero pocos pañales de cuna? “Sé quién los puede coser”; ¿Trabajo lejos del círculo? “Conocí una cuidadora”; ¿Qué falta para la canastilla? “Lo venden en tal lugar…”. Su activismo suele ser contagioso… aunque mi paciencia para buscar y comprar solo cuando siento que es el momento, es bastante difícil de remover. 

Al abuelo paterno, le entusiasma todo cuanto tiene que ver con el futuro recién nacido. Con mucho cariño elabora los desayunos y comidas al ritmo de los cuales crece mi barriga y, cuando lavo las ropas en miniatura, se divierte contando cada minúsculo atuendo para hacer notar lo abundante que será el closet del pequeño. Con paciencia ha reparado cada objeto de madera que sostendrá la vida del bebé: cunas (dobles, como ya expliqué), closet, sillas de comer, etc…

Por mucho que lo intento, no logro imaginar cómo sería la relación de mi papá, fallecido cuando yo tenía 16 años, con mi bebé. Es muy difícil proyectar una imagen de abuelo, cuando la de padre quedó truncada… pero, para compensar, me queda la tranquilidad de que Arielito nacerá con abuelos extras.

Tiene, por ejemplo, a la hermana de mi suegra y a su esposo.

Justo yMalen por ningún motivo aceptarían ser llamados tíos, ni tíos-abuelos. No loson. Su microfamilia es tan unida a la microfamilia de mi esposo que Ariel nopuede ser menos que un nieto. Y por eso, especialmente esta abuela, ha estadoal tanto de la canastilla, de las búsquedas de lo que falta, de mi salud y ladel bebé… Lo último que hizo fue hacerme llegar una lista de todos los teléfonospor los cuales se le podía localizar en el momento en que rompiera la fuente. Nopuedo esperar a verlos a todos, los cinco, cuando dé a luz. Cada uno tiene supropia teoría de cómo será el niño y como debe ser educado…. Ya les contaré.

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