En la oficina, el día de la despedida

Cinco años de Juventud Rebelde

Cuando uno se despide de un lugar al que ama mucho siempre se le quedan cosas colgadas del corazón.

Se le quedan, por ejemplo, los amigos que hizo durante años –aunque solo hayan sido cinco pequeños y fugaces años-, se le quedan las aventuras que permanecen latentes en cada foto de esas que quedaron borrosas y nunca eliminamos o en las secuencias que demuestran el empeño colectivo porque todos salieran hermosos y sonrientes, los proyectos compartidos, y hasta los instantes de tensión.

Este mes he dicho adiós a Juventud Rebelde.

No es un «adiós, adiós» porque estaré en la misma cuadra y la misma dirección, habitando ese hermano mayor que es el Granma y, además, será muy difícil para mis amigos más queridos y los colegas que aprendí a estimar por su responsabilidad y fidelidad a nuestro trabajo, deshacerse de mis mensajes por el chat de Facebook, o del acoso constante de mis Me Gusta a las fotos con sus familias, que uno quiere también porque acaba comprendiendo que solo con su apoyo es posible que los nuestros aguanten ese diarismo tan a deshoras y agotador.

No es JR el primer medio de prensa del que me despido.

Antes me fui del Venceremos, cuando la Unión de Jóvenes Comunistas me propuso trabajar en Soy Cuba y empezó esta travesía que ahora desemboca en un diario de nombre e historia épicos pero que seguro tampoco será mi último puerto.

 

Equipo Soy Cuba: Foto: Roberto Ruiz

De Soy Cuba siempre tendré buenos recuerdos. Por ahí comenzó el camino que atizó mi pasión por el periodismo y la oportunidad de probarme a mí misma liderando un equipo que luego se transformaría en dos equipos, y ahora en tres equipos con los que puedo contar, aunque ya no esté ahí con ellos. Un sitio web que me facilitó la posibilidad de cambiar lo que nunca me gustó de modelos anteriores de dirección y tomar de las mejores cualidades de todas aquellas personas buenas bajo cuyo mando he estado alguna vez.

Cuando uno termina una relación… incluso de trabajo, suele mirar al pasado como para sacar cuentas y percibir si se creció algo o no. Yo creo que crecí, aunque no tanto. Apenas lo suficiente para entender que lo mejor es mantener el espíritu inquieto.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.