Juan Leonardo Martínez Peña

Este 2017, como pasaba de vez en cuando desde que tengo memoria, la prensa entrevistó otra vez a mi tío Juanito (Juan Leonardo Martínez Peña). La historia de cómo cuando tenía 16 años se fue a Girón a combatir los yanquis que invadían al país y lo que vio allí, era algo inspirador que lo llenó de orgullo hasta el útimo día de su vida: hoy. Sé que me tenía mucho aprecio, y creo que le correspond que mucho cariño… espero que descanse en paz. 🙁
Quisiera estar con ustedes Ihosvany (Papu), Lisbeth (Liby) y Dennis. Un abrazo muy fuerte para los tres, y para mi tía Rosita, que le echará mucho de menos a su viejito….
Aquí comparto todos los artículos y entrevistas que he podido encontrar sobre él en Internet. Sé que la lista irá creciendo porque era alguien muy querido…

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Artículos sobre Juan Leonardo Martínez Peña

Aniversario 52 del desembarco mercenario por Bahía de Cochinos

Con la victoria en la memoria

Por Yaneysi Nolazco R. y Julio César Cuba L.

Guantánamo (Redacción Digital Venceremos) -Con satisfacción los cubanos celebran la victoria de Playa Girón. Esa epopeya que constituyó la primera derrota del imperialismo yanqui en el continente americano y demostró tempranamente al mundo los claros propósitos del Gobierno de los Estados Unidos de destruir a la naciente Revolución que, dos años atrás, había triunfado en Cuba, bajo la dirección del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

El pueblo, el Ejército y las Milicias, encabezados por él, se movilizaron y en menos de 72 horas de duros combates derrotaron a los mercenarios, que se rindieron al atardecer del día 19, en tanto truncaron la misión de la brigada 2506, armada, entrenada y transportada por EEUU, de consolidar una cabeza de playa, con el apoyo de bandas contrarrevolucionarias de la zona, donde se instalaría un Gobierno Provisional, que sería reconocido inmediatamente por las autoridades de ese país y la OEA.

Cuando se cumple el aniversario 52 de la histórica hazaña, en la que más de 150 combatientes revolucionarios murieron y varios civiles fueron asesinados por la aviación de los invasores, Venceremos conversó con algunos de sus protagonistas.

“El mayor orgullo que siente el pueblo y nosotros mismos es poder disfrutar de la libertad que ayudamos a consolidar”, dijo muy emocionado Claudio Guerra Ros, combatiente de Playa Girón, con 72 años de edad, los cuales no aparenta.

El también miembro de la Columna 1, José Martí, dirigida por el Comandante en Jefe, recuerda que participó en tres combates durante el traslado desde la carretera de la Laguna del Tesoro hasta Playa Larga y desde esta a Playa Girón, y que luego de la victoria, le ordenaron incorporarse a la recogida de los mercenarios dispersos en la zona.

“Fue una travesía difícil y muy riesgosa, y después de casi 72 horas de duros e intensos combates, no permitimos que los mercenarios se salieran con la suya, por el contrario, le dimos una inolvidable “pateadura”. Estoy seguro que desde entonces los sucesivos gobiernos norteamericanos nos respetan más y aprendieron que no deben volver a equivocarse”, afirma.

“El mayor orgullo que sentimos es poder disfrutar de la libertad que ayudamos a consolidar”, asegura Claudio Guerra Ros.

“Tenía sólo 17 años cuando me encomendaron la misión, sin embargo no me costó mucho trabajo aclimatarme a las complejas condiciones de guerra, porque ya había estado en la Sierra Maestra y en la limpia del Escambray, donde el peligro también era constante”, comenta Claudio, quien ahora transmite sus experiencias a las nuevas generaciones.

También Juan Martínez Peña anegó las arenas de Playa Girón con coraje y fuerza joven para impedir que el enemigo común de muchos pueblos del mundo mancillara la libertad de los cubanos y el carácter socialista de la Revolución, declarado por el Comandante en Jefe el 16 de abril de 1961, en la despedida de duelo de los caídos por el bombardeo de aviones tripulados por mercenarios a los aeropuertos de La Habana y Santiago de Cuba.

“Yo estuve en la esquina de 23 y 12, en el Vedado habanero el siguiente día de los ataques, los pelos se me erizaron al escuchar el sentido discurso pronunciado por el Líder de la Revolución. Desde ese momento nos pusieron en alerta para esperar la invasión, hacía menos de una semana que habíamos bajado de la limpia del Escambray, pero no podía hacer otra cosa que seguir la lucha”, dice quien integró el Batallón 123, de las Milicias Nacionales Revolucionarias.

“El 17 salimos de Regla, con destino al lugar de la invasión y llegamos al central Australia en la madrugada del 18. Allí nos recibió el propio Fidel. Luego de escuchar sus órdenes partimos para Playa Larga, pero ya los mercenarios huían hacia Playa Girón.

“Los pelos se me erizaron al escuchar el sentido discurso pronunciado por el Líder de la Revolución en la esquina de 23 y 12, en el Vedado.

“No había transcurrido media hora del arribo a ese sitio, cuando dos aviones B-26, con insignias cubanas para tratar de confundirnos, bombardearon dos veces con Napal, bombas Roquet y tiraron con ametralladora hacia los ómnibus en que viajábamos. En ese ataque sorpresivo perdimos a 11 compatriotas de nuestro batallón y en Playa Girón, el 19 en la mañana, los invasores volvieron a caernos con morteros, y murieron otros seis.

“De ahí en adelante hicimos un cerco hasta el día 24 de abril en Cayo Ramona, bajo las órdenes del Comandante René de los Santos.

“Aunque en la guerra todo es horrible, la parte más triste es perder a los hermanos de lucha, sin embargo nos queda el consuelo y la recompensa de que su sangre no se derramó en vano porque la Revolución, que ya cuenta con 54 años, seguirá su paso triunfante, hoy con el protagonismo de los más jóvenes”, dijo muy optimista.

“Ellos tienen la responsabilidad de perfeccionar lo que nosotros iniciamos, ahora en la lucha ideológica y en la actualización del modelo económico, para terminar de construir la sociedad más próspera en que todos los cubanos deseamos vivir”, confiesa Martínez Peña.

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51 años de Girón: Sangre guantanamera en la Victoria

Además de contribuir a la derrota de los mercenarios en el frente principal de desembarco enemigo, los patriotas de Guantánamo reforzaron otros lugares del país de posible incursión del enemigo, como había indicado el Comandante en Jefe, especialmente en Baracoa.

Por Yisell Rodríguez Milán y Víctor Hugo Purón Fonseca

Fotos: Lorenzo Crespo Silveira

De pronto, en unas intensas jornadas de la vida, el mundo puede convertirse en un escenario muy ceñido y cercano para los hombres que lo aman, y por él están dispuestos a sacrificar hasta la vida. Así sucedió al grupo de guantanameros integrado a los protagonistas de la Victoria en la defensa de la Patria Socialista.

Aquel 19 de abril ellos estaban allí y acá, en la culminación de los combates triunfales de los revolucionarios cubanos contra los mercenarios invasores de la CIA norteamericana, entre los pantanos y las playas de la Ciénaga de Zapata, al igual que en la movilización para frustrar otro desembarco diversionista enemigo en la ciudad de Baracoa.

Eran todos muy jóvenes, apenas tenían 20 años, algunos 16. Transcurridos 51 años de aquellos decisivos días de abril, un grupo de ellos se encuentran con los  periodistas en la sede provincial de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC) del 61.

Recuerdo de los caídos, de los combates, del llamado de Fidel

Aldo Herrero Sabala tenía apenas 16 años, había subido cinco veces al Pico Turquino,  y se estaba preparando en la escuela de milicias de Matanzas en el empleo del nuevo armamento artillero, cuando se produjo el ataque imperialista. “Todavía no habíamos llegado a las prácticas cuando los ataques a los aeropuertos el 15, entramos en alerta y el 17 por la tarde partimos en camiones y con el armamento para Playa Girón”, relata.

Fue de los que entraron de madrugada al central Australia, vio a los milicianos combatiendo con viejos mausers a la aviación enemiga que, engañosamente, llevaba insignias cubanas. “A dos piezas de la mía, uno de nuestros artilleros, casi un niño (Nelson Fernández), se puso de pie, confundido, a saludarlos y lo ametrallaron. Fue el primero de los de nuestra arma en caer.”

De los 158 mártires de la batalla de Girón, cuatro fueron guantanameros: Luis López Mustelier, Wilfredo Gonce Cabrera, Emilio Daudinot Pineda y Luis Artemio Carbó Ricardo, cuyas fotos muestran. El primero es hermano de Fidel Jay Mustelier, actual secretario del trabajo patriotico, militar internacionalista de la ACRC en la provincia.

Entre otros, testimonian Aldo, los hermanos Adrián y Héctor Pérez Bejerano, Arquímedes Salas Bandera y Armando Iván Pérez Fernández que partieron y cometieron en Girón con más valor al escuchar a Fidel diciendo que aquello no podía durar 72 horas, pues había que evitar que el enemigo conquistara una cabeza de playa parta solicitar la intervención; sabíamos que luchaban por una causa justa.

Armando Iván, hoy con 76 años, pertenecía al batallón de la Policía, uno de los que mayor cantidad de mártires (186) aportó a la Victoria. Estuvo limpiando de bandidos la sierra del Escambray hasta marzo, y se encontraba de pase en La Habana, pero cuando se dio el alerta debió regresar al campamento en las lomas de Pinar del Río.

“El 18 de abril estaba ya en la zona de operaciones, combatiendo hasta que   el 19 se rindieron los mercenarios. Yo era jefe de una escuadra en la que me mataron a un compañero e hirieron a otro. Luego estuve cuidando el aeropuerto de Girón, donde había aviones enemigos derribados y sus pilotos muertos”, dice.

Por su parte, Arquímedes, de 70 años, se refiere a la extracción humilde de todos los combatientes revolucionarios guantanameros, en su mayoría procedentes de zonas rurales del entorno de esta ciudad, y miembros del Ejército Rebelde. En su caso, integraba la Columna 1, destacada, en el momento de la agresión al país, en el barrio habanero de Cojímar.

Cuenta que allí recibió la alarma de combate el día 15, e inmediatamente pertrecharon los carros con las armas. El 17 llegaron a la Laguna del Tesoro y por la noche atravesaron el terraplén, con ciénaga de un lado y del otro, que los acercaría a las zonas de combate.

“Allí recogimos las armas dejadas por los enemigos que se habían retirado, vimos llegar a las Milicias, a la Policía, la Columna 2. La aviación enemiga nos sorprendió por segunda vez. Pero el 19 fue que toda la tropa se fajó de verdad”, expone, todavía enardecido pese al paso del tiempo.

La conversación se torna anecdótica y múltiple, al referirse a la desmoralización de los mercenarios, cómo huían entre los mangles abandonando sus armas o se entregaban llorando, pese a que contaban con preparación y medios. También se avistaron en el mar naves norteamericanas de guerra para apoyar a los mercenarios.

“Nosotros pasamos en esos días hambre y frío, los mercenarios nos mataron a muchos compañeros, pero Fidel les perdonó la vida a los que cayeron prisioneros, y teníamos órdenes estrictas de no maltratarlos y hasta de darles de nuestra comida… Tampoco temíamos la amenaza de los yanquis.  Nuestra superioridad estaba en que defendíamos la Patria y la causa del Socialismo”, resume Adrián, de 77 años.

En los mismos días, también en Guantánamo se movilizaban las fuerzas revolucionarias. Todo el país estaba en estado de alerta y por esta zona el enemigo planeaba acciones.

Barcos a la vista

Hubo revuelo en Baracoa el día 15 de abril de 1961. Los pobladores, alertados, esperaban desembarcos en las playas de la ciudad, al igual que a todo lo largo de la costa sur del Alto Oriente. El ajetreo y la disposición combativa flotaban en el aire.

Desde diciembre de 1960, el alto mando del Ejército Rebelde conocía las intenciones de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana con respecto a una invasión mercenaria a Cuba en abril de 1961. La estrategia incluía acciones en la provincia más oriental bajo el nombre de Operación Marte.

Sus objetivos en Guantánamo, apunta la Enciclopedia ECURED, eran alejar la atención de lo que ocurriría, 30 horas después, en Bahía de Cochinos, desembarcar vestidos con las ropas de los militares cubanos para simular un ataque a la Base Naval y comprometer con esta acción a John F. Kennedy, presidente de Estados Unidos, con una intervención militar directa en la Isla.

Pero más de 400 soldados cubanos, pertenecientes a las milicias, la Policía y la Asociación de Jóvenes Rebeldes de la más oriental los esperaban. Apostados desde el día 13, desde Nicaro hasta la punta de Maisí por el norte, y desde ahí hasta Imías por el sur, ellos avistaron, por primera vez en la madrugada del 15, los barcos enemigos.

Un telegrafista de la Marina percibió la primera señal  emitida por las naves e informó a El Castillo, en Baracoa, al mando cubano. La noticia enseguida se esparció por esa ciudad donde las mujeres y niños buscaron protección en las lomas de El Paraíso, mientras los hombres del batallón 118 prepararon sus armas.

Cuentan quienes participaron en esa hombrada que desde los dos últimos días de diciembre de 1960, el alto mando cubano estaba informado de los propósitos norteamericanos de desembarco e invasión por Guantánamo. Así alertados, organizaron el Batallón 118 que defendería la zona con combatientes de todo Oriente. Les entregaron una hamaca, una frazada, un nailon, y armamento.

Más tarde llegaron los refuerzos al mando del después General de Cuerpo de Ejército Sixto Batista Santana, quien arribó a la zona el 18 de abril de 1961 al frente del Batallón 80 de las Milicias Nacionales Revolucionarias, procedente de Jiguaní.

Aunque al final, allí, en Baracoa, no hubo desembarco.

Dicen los baracoenses que el miedo paralizó a los presuntos invasores ante la fuerza preparada para rechazarlos en la isla. Sólo atinaron a dejar ver sus luces, nada más.

Luego los contrarrevolucioanrios ni siquiera pudieron regresar a Estados Unidos, sino que fueron enviados a las instalaciones militares de Puerto Rico y el fracasado intento de desembarco por Baracoa pasó a ser reconocido burlonamente como bojeo a Cuba.

El jefe preparado por la CIA para dirigir la acción fue acusado de traidor por no apoyar, con sus cerca de 200 hombres, el desembarco que se efectuaba por la Brigada de Asalto 2506 en Bahía de Cochinos, como le habían orientado hacer por la provincia de Oriente.

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My Greatest Pride is Playa Giron

“How can I forget those days of the Bay of Pig Invasion, I had just arrived from Santi Spirit after clearing the Escambray Mountains and I‘d been away from home for months and when I was told that we had to leave for Playa Giron, I had no qualms about going.”

“Afterwards we were mobilized and on our way, mercenaries aircraft bombed the bus where we were traveling, those were hard and sad days, because on the way we left family, friends and comrades killed, but nobody gave up.” Girón was the first Yankee defeat in Latin America.”

History will never be forgotten

At dawn on 18, Long Beach, nobody stepped back, So says Juan Martinez, who was born in Guanabacoa, but most of his life has lived in Guantanamo, where he raised a family.

“The men in my company we were fighting with courage and caught some prisoners in Cayo Ramona, I remember that some came half-naked, unarmed and wearing cap cooks and they all received the proper treatment, as Fidel had indicated, as it was always done during the insurrectional struggle.”

Battles in the Bay of Pig were strong and in the evening of the 19th victory of Playa Giron, the first major victory against US imperialism in America “was proclaimed.

When it was over, I went to my workplace in a foundry and in 1963 until 1973 I joined the brigade to cut cane, then I became member of the Youth Communist League (UJC), then of the Cuban Communist Party (PCC) and I spent most of my working life in agriculture in Santa Coloma’s sugar cane plan and supported the collection of potatoes, and other tasks.

I arrived in Guantanamo in 1976 because I got married with Carmen Rosa Milan and raised a family. Here I worked in different places until I retired in the beverage and Soft Drink Company in 2003 with 63 years.

As a PCC member for many years, he trusts that the Seventh Congress, which takes place on occasion of the glorious days of Palya Giron, “will offer new options to continue along the path we have chosen and defended, always on the basis of prosperity and sustainability as our people need.”

And before concluding, Juan Leonardo Martinez Peña sentenced “If I had to go fight again would not think it twice, take it for granted. I would be among the first to take the step forward and offer my life, as I did in 1961, because I will never forget that I fought in Girón for the Cuban Revolution and socialism”.

Translation: Liubis Balart Martinez

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