Por los agujeros del empleo

17/09/2014 5:00 am
 
Emprendedor, dinámico, sociable, y fiel a sus compromisos laborales, son las cualidades por excelencia de un joven emprendedor. Foto: Tomada de Ncmty.itesm 

La actualización nacional, en tanto dinamiza la macroeconomía, provoca el (re)surgimiento espontáneo de ciertas modalidades laborales. Y para quienes crecieron, por ejemplo, creyendo que un empleo estatal era la única forma digna de ganarse la vida, el contexto cubano actual pudiera ser difícil de comprender.

 Vivimos en un país donde, en su tiempo libre, más de 100 estudiantes —cifra discreta e ínfima pues la mayoría no lo reportan— cambian aulas por trabajos parciales y  hay más de 17 mil 400 personas pluriempleadas en su entidad o en otras del sector no estatal.

 Pensar cómo lograr alguna «entradita» extra parece ser un imperativo de estos tiempos en que predominan salarios que no permiten cubrir todas las necesidades, y el débil mecanismo de recirculación de la fuerza de trabajo provoca que muchos jóvenes se desmotiven cuando, al graduarse, son ubicados allí donde las plazas de su perfil están ocupadas por gente menos calificada.

 Abonada por este contexto floreció otra variante ocupacional: el trabajo freelance. La palabra, que en español significa autónomo, es usada en inglés y suele definir el quehacer de un pequeño por ciento de la población que no es plantilla fija en entidades estatales ni está vinculada permanentemente al sector privado. Aunque algunos de quienes la practican forman parte del millón 659 948 personas menores de 35 años laboralmente activos, arrojadas por el último Censo Nacional de Población y Vivienda.

 Quienes viven de esa modalidad generalmente trabajan desde sus casas, no tienen horarios definidos, son responsables de sus tiempos para cumplir los compromisos —contractuales o no—, apuestan por el teletrabajo —a través de redes sociales o el correo—, y en no pocos casos dependen de Internet.

 Pero, ¿es lo mismo un freelance en Cuba que en el resto del mundo? ¿Qué pasa con las personas emprendedoras cuyas iniciativas comerciales no están concebidas entre las 201 aprobadas por el Gobierno para trabajar en el sector no estatal?

La espada y la pared

 El Doctor en Ciencias Económicas y máster en Economía y Política Internacional, Omar Everleny Pérez Villanueva, explica a Soy Cuba que en la Isla esto es «bastante sui generis porque solo hay 201 actividades en las cuales se puede ejercer el trabajo por cuenta propia. Eso significa que si soy informático, un creador de software, quizá no puedo pedir una licencia porque no fue concebida, y me veo obligado a trabajar freelance».

 El marco legal es muy estrecho, dice, y comenta que debería ser sin un número estricto: «dejarlas a decisión de la gente y de la oficina municipal [Consejo de la Administración] para que acepte o no las que le convienen».

 La profesora e investigadora del Centro de Estudios de la Economía Cubana, Saira Pons Pérez, quien se ha especializado en temas de impuestos, aclara que «el emprendimiento, en el mundo, es la idea que surge de una persona que halló una necesidad no cubierta y un espacio de mercado. En Cuba, como en todas partes, hay posibilidades ilimitadas de ideas para emprender. Pero solo 201 posibilidades es un número demasiado estrecho para la capacidad de emprendimiento del país».

 Por eso, no pocos ciudadanos cuyas iniciativas no estaban entre las autorizadas optaron por ampararse con  licencias más o menos cercanas en su conceptualización a lo deseado. Entre los ejemplos más conocidos está el de quienes crearon cines 3D, ahora prohibidos debido a su status ilegal.

 Antes de la medida,  Manuel Fernández, administrador del Threebar, una sala que funcionaba como oferta especial de una cafetería-restaurante, comentaba: «En otros lugares quienes tienen cines se han acogido a la licencia de actividades recreativas para niños [operador de equipos de recreación]; pero aquí en Plaza, a diferencia de Guanabacoa, San Miguel del Padrón, o Regla, se ha vinculado con las cafeterías [elaborador vendedor de alimentos y bebidas en punto fijo de venta]».

 Los (re)vendedores de ropa  también ilustran el fenómeno, pues aparecen en los registros de la ONAT como modistas o sastres, cuando la mayoría no lo es, porque a pesar de la escasez, la mala calidad o poca variedad de las ropas en algunas tiendas, y la alta demanda poblacional, no se deben importar prendas y artículos con carácter comercial.

Esta foto, de mediados del 2012, muestra trabajadores por cuentapropia vendiendo ropa importada. Foto: Calixto N. LLanes Vila/ Archivo JR 

El Gobierno, ante los dos ejemplos mencionados, ha tomado medidas. En noviembre de 2013 emitió una nota donde se explicaba que, para prevenir indisciplinas e ilegalidades, así como para aclarar aun más a los cuentapropistas lo establecido, ahora se les informa individualmente el contenido de la actividad que realizan. También se ratificó la ilegalidad de la comercialización minorista de artículos importados o la reventa de los adquiridos en la red comercial estatal.

 Pero una navegación rápida por algunas webs en las que no pocos cubanos postean sus «búsquedas» demuestra que hay muchas necesidades que no son satisfechas por las entidades ni por ninguno de los tipos de actividades por cuenta propia  aprobadas y, aun así, encuentran solución.

 La gente «busca», por ejemplo, dispensadores de cerveza, suministradores de barquillos de helado, choferes particulares, encofradores de madera, reparadores de microwave, gimnasios, especialistas en cajas registradoras, profesores sordo-mudos, creadores de páginas web, carpinteros de pupitres escolares, quienes laven y planchen, entrenadores de perros, inversionistas, modistas y modelos… en fin, muchísimos servicios, algunos muy pequeños.

Andrés, quien pidió usar un seudónimo, es de las personas que explota uno de estos segmentos de mercado. Se trata de un programador joven y se considera freelance porque no tiene licencia. Hace páginas webs, jueguitos… «lo que aparezca». El precio promedio de una hora de su trabajo es de seis dólares, aunque la forma de pago varía. Hay quienes cobran por día o en función de cada proyecto y quienes fijan sus precios basándose en el método de trabajo.

Títulos de oro

 El también director del CEEC, Pérez Villanueva, apunta otra contradicción que impulsa, aún en contra de la legalidad, el trabajo freelance: la mayoría de los oficios legalizados están dirigidos a manualidades en momentos en que uno de los principales activos del país es la fuerza de trabajo altamente calificada.

El argumento alerta, sobre todo porque el 41 por ciento del personal del ministerio de la Agricultura y sus delegaciones provinciales y municipales pronto será «reducido», según anunció en su última sesión el Parlamento cubano.

 Eso representará un ahorro de 15 millones 067 mil 007 pesos anuales y la eliminación de 6 mil 441 cargos, pero también la salida de obreros, técnicos y especialistas que no deben quedar desamparados. ¿Estará el cuentapropismo, legalmente hablando, preparado para esa cantidad de profesionales?

Restaurador de obras de arte, Profesor de música y otras artes, Profesor de Taquigrafía, Mecanografía e Idiomas, Repasador (excepto los maestros en activo) y Traductor de documentos, están entre las pocas actividades actualmente recogidas en la Resolución No.353/2013 del Ministerio de Finanzas y Precios que necesitarían de algún conocimiento de nivel superior, aunque no es imprescindible.

 Pero si un veterinario quiere atender mascotas de manera particular, nada lo  respalda. Solo está permitido, en relación con los animales, alquilarlos, herrarlos, entrenarlos, cuidarlos, usarlos como coches/carretillas para infantes, venderlos como mascotas y producir, recolectar y comercializar hierbas para su alimento  o medicinas.

 Si un ingeniero agrónomo, tras quedar disponible, encuentra  a un campesino que pague por su asesoramiento se le hará difícil legalizar un contrato porque solo están concebidas licencias como vendedor de la producción agrícola y/o  trabajador agropecuario eventual. Quizá a esta última, ajustando el concepto, se pueda acoger, pero volveríamos al terreno de lo impreciso.

«En el caso de los programadores sí hay una licencia —especifica la economista Pons Pérez. Los diseñadores tienen una organización que los ampara y los economistas, o quienes se dedican a la administración, se acogen a la de tenedores de libros. Pero eso no quiere decir que todos los freelance estén respaldados legalmente. Hay muchos que deciden no tener una licencia».

 Para la especialista muchos de estos trabajadores, casi siempre jóvenes, son emprendedores, gente que prueba suerte antes de establecer un negocio propio y llevarlo a cabo, porque necesita saber si sus productos funcionarán en el mercado.

Al emprender un negocio, conviene plantearse si existe suficiente demanda, cuáles necesidades se resolverán con nuestros servicios y qué elemento nos distingue de la competencia. Foto: Roberto Ruiz/ Archivo JR

 Lo estipulado, por el contrario, es que al ejercer una actividad de esa manera estás quebrando la ley y evadiendo al fisco. Si lo que se desea es abrir un negocio y probar suerte, la ONAT garantiza los primeros tres meses libres de pago. También exonera de los impuestos sobre las ventas, los productos y servicios y los ingresos personales correspondientes al primer año, a los recién graduados que no resulten ubicados y decidan incorporarse al cuentapropismo.

 ¿Y esta tendencia «a lo freelance» es de los últimos años?, pregunto buscando mayores referencias en el contexto nacional.

«Sí. Por lo general Internet juega un papel fundamental y positivo porque, en el caso de los programadores y diseñadores, son muchachos que se agrupan, crean y suben sus productos a tiendas online. Internet es fundamental porque a través de él encuentran clientes de cualquier parte del mundo», explica la economista.

 Hace unos meses, en el blog Futuro Cubano, del Centro de Estudios Sobre la Juventud, la máster en Ciencias María Josefa Luis Luis, especialista en empleo juvenil, posteaba en un pequeño artículo:

«Estimulados por la ampliación y flexibilización del trabajo por cuenta propia, durante los dos últimos años se ha producido un incremento sostenido de jóvenes vinculados a este sector. Hoy se registran más de 125 mil jóvenes cuentapropistas; sin embargo, para muchos continúa siendo una incógnita. De seguro existen diversas interrogantes en torno a este asunto: ¿Tengo la  preparación para emprender este camino?  ¿Cómo obtengo el capital y otros recursos que necesito para empezar?  ¿Cómo convenzo a mis padres que esta puede ser una opción para mí?  ¿Tendré futuro en esto? (…)»

Casi como en respuesta a estas ideas, la Editorial Academia publicó el libro ¿Yo? ¡Cuentapropista!, concebido como un ABC para quienes deciden emprender un negocio.

La autora es Librada Taylor Martínez, quien recomienda crear un «plan de negocios», enlistar posibles clientes y recurrir  a instituciones reguladoras como las Direcciones Municipales de Trabajo, la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT), la Dirección Municipal de Vivienda o las unidades territoriales de Higiene, Epidemiología y Microbiología.

Probar suerte para empezar  suele ser la primera opción cuando se desea comenzar un negocio, pero hacerlo freelance pudiera tener más desventajas que ventajas en el contexto cubano actual.

Laborar sin horarios, ser tu propio jefe, mejores ganancias y contar con horas que dedicar a otras tareas o a estudiar, están entre lo bueno. Aumentar el nivel de exigencia contigo mismo, el exiguo conocimiento de tus compañeros de trabajo si estás por poco tiempo en una empresa, ingresos irregulares y la búsqueda constante de nuevos clientes, puntean entre lo difícil.

Y en medio de todo eso está la idea de que un empleo fijo —estatal o por cuenta propia— garantiza menores ingresos y también menores riesgos. Además, ser freelance no es algo eterno sino una etapa de arrancada a la que más le vale ser corta, no vaya a ser que la idea emprendedora y potencialmente exitosa, se ahogue en las aguas de lo ilegal.

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 Publicado originalmente en Soy Cuba

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