La historia de La Guantanamera, como me la han contado a mi

El pasado 17 de junio se lanzó esta versión de La Guantanamera de la autoría de Carlos Varela y Manuel Galbán, donde participan 75 músicos cubanos bajo la producción del cantante y compositor Jackson Browne en conjunto con Mark Johnson, para recordarnos que Cuba no solo está en La Habana, en Matanzas o en Santiago. Anda cada día por las calles de Tokio, Madrid, Miami, informa Progreso semanal.

En 2007 Mark Johnson creó la Fundación Playing for change, una ONG cuyo propósito es desarrollar escuelas para los músicos callejeros. La última etapa de este movimiento ha sido la Playing for change Band, una banda que reúne a músicos de todo el mundo.

Yo, guantanamera a todo, les adjunto además aquí la historia de la Guantanamera, como me la han contado a mí…

Los enredos de La Guantanamera

Publicado originalmente en OnCuba

Se trataba de un cancioncita corriente: guajira-son de cuatro compases, simple, pegadiza, capaz de admitir versos o décimas de cualquier tipo, y usada por el cantante habanero Joseíto Fernández para cerrar uno de los programas trasmitidos por la antigua Emisora CMCO, desde la capital de Cuba.

¿Cómo se convirtió La Guantanamera en la canción más conocida por cuántos extranjeros visitan la isla o quieren saber de ella? ¿Quién la internacionalizó con las estrofas de José Martí? ¿Qué confusa historia hay oculta tras su fama? ¿Quién es su verdadero autor?, son interrogantes que dan sabor al mito de la tonada. Si les interesa, lean.

Cuando todavía Joseíto Fernández era prácticamente desconocido en el panorama musical cubano, la popularizó por la radio. En varias entrevistas dijo haberla usado lo mismo para felicitar a muchachas de cualquier provincia (cambiando la palabra guantanamera por vueltabajera o camagüeyana) que para pedir clemencia para un trabajador cesante. Era la década del 30 del siglo XX.

Atraídos por su éxito, algunos anunciantes de la ya desaparecida Emisora CMQ la asociaron a la publicidad comercial y la crónica roja, y después de 1959 Joseíto Fernández la usó en el programa El suceso del día para acompañar la reseña del acontecer nacional. Así lo explica el periodista Reynaldo Cedeño Pineda en la investigación La Guantanamera en la tierra del diablo, incluido en el libro El hueso en el papel publicado por la Editorial Oriente en el 2011.

Es en 1942 cuando el cantante la inscribe en el Registro de Propiedad de Cuba y legitima como suyas las conocidísimas coplas de la tonada campesina: “Guantanamera/ guajira guantanamera…“ Tiempo después, en 1963, el norteamericano Peter Seeger la estrena en Estados Unidos con algunos de los Versos Sencillos de José Martí, una idea cuya autoría pertenece al compositor hispano-cubano Julián Orbón.

Joseíto reclamó sus derechos de autor al estadounidense, quien viajó a La Habana en 1971 y se entendieron. Pero, ante el asombro de toda Cuba,  en 1993 otra reclamación por el Derecho de autor de La Guantanamera es entablada. Esta vez desde Guantánamo.

Y comienza la polémica…

A rajatabla, el tresero Herminio García Wilson, guantanamero de 89 años de edad apodado El diablo Wilson por su habilidad musical, se declara autor de los cuatro primeros compases de la canción.  Joseíto Fernández ya había fallecido.

El juicio fue realizado donde se originó la demanda. Los familiares del músico habanero no se presentaron. En declaración jurada a la abogada María Eugenia Arranz Oliva, del 12 de mayo de 1933, declara que en 1929 fue invitado a tocar en la calle Carlos Manuel No. 664, entre Paseo y Narciso López, en la ciudad de Guantánamo, y él buscó a los músicos que siempre le acompañaban:

“(…) a las ocho y veinte de la noche, ya estábamos todos, me puse a calentar los dedos en el tres, y en esos precisos momentos, pasa una muchacha y Joaquín Ramírez [después rectifica que fue Pipi Corona] le dice algo como un piropo, aunque en aquellos años no era muy usual decirle eso a las mujeres en la calle […], ella respondió con palabras groseras y él le dijo: “Y qué se habrá creído la guajira guantanamera esta”. Precisamente de esa forma nació la famosa Guajira Guantanamera, y fue Pipi Corona el primero en cantarla allí mismo en la esquina y luego entramos en la fiestecita en casa de Toto Bosch, en donde fue interpretada por su hija al piano (Zoila) […] Esa es la verdadera historia de la Guajira Guantanamera”

El alegato, según consta en el periódico Venceremos de la época, coincide con un documento de 1980 donde El Diablo Wilson narra la anécdota. Los músicos que lo acompañaban ese día corroboraron la anécdota ante el tribunal.

Sin embargo, ¿cómo llega a La Habana la canción?, para eso también tiene el tresero una explicación. Dice que en la década del 30 un cuarteto formado por Pipi Corona, Joaquín García, Juan Limonta y Rigoberto Hechavarria, hizo una gira que llegó hasta la capital de Cuba y en su repertorio incluyeron La Guantanamera.

¿Y por qué no reclamó antes sus derechos? Sí lo hizo, según él. En entrevista a Karina Rodríguez, reportera guantanamera, explica que primero intentó poner a su nombre la canción pero le informaron que como mínimo debía poseer 16 compases y solo tenía cuatro. Después, en 1972, le contó todo al investigador Alberto Muguercia, entonces miembro del Centro de Investigaciones Histórico-Culturales de la Biblioteca Nacional José Martí, pero este le contestó que era muy difícil revocar la autoría de Joseíto.

La emisora CMKS, de Guantánamo, a través del programa El reclamo del Diablo ese mismo año expuso la “fisura histórica”  en los testimonios de Joseíto Fernández  con respecto a la fecha de surgimiento de la tonada que apoyaban la versión única El Diablo Wilson. Se basaron, para esta afirmación, en las entrevistas que él concedió a la prensa donde mencionaba diferentes años de creación, y en otras fuentes autorizadas.

Aún así el fallo del jurado, que luego sería ratificado por Tribunal Supremo de la República de Cuba, favoreció a Joseíto Fernández. La canción que Juan Marinello catalogara como “creación melancólica y dominadora”, que  ha sido llevada a los más alocados ritmos y traducida a muchísimos idiomas, quedó en manos de quien la popularizó.

Y de El Diablo Wilson, si bien no tiene la firma, al menos le queda a La Guantanamera el buen sabor de las eternas polémicas y las buenas historias.

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