TESTIMONIOS DE LAS MADRES DE LAS NIÑAS FALLECIDAS EN INCENDIO EN GUANTÁNAMO

Hablan las madres de las niñas
Por Lilibeth Alfonso Martínez

Tomado del muro de Facebook de Haydee León Moya, subdirectora del semanario Venceremos, de Guantánamo

Eran casi las nueve de la mañana de este jueves cuando llegamos hasta la casa de La Inagua, en Niceto Pérez, donde desde el domingo último vive temporalmente la familia que ocupaba la vivienda número 719 de Beneficencia entre Narciso López y Jesús del Sol –donde presuntamente se inició el incendio- y que vio perder a sus dos miembros más pequeños.
Adentro, están ellos, algunos trabajadores de servicio y familiares de La Habana, que vinieron tras la tragedia. El ambiente, en ese día recién amanecido, era el de una casa normal, con los trajines propios de esa hora.
Cuando me identifico por fin y empiezo a preguntar, las respuestas van fluyendo. Obtengo declaraciones de Idalmis (de 40 años de edad) y Yordanka (de 41) Dranguet Matute , las madres de las pequeñas fallecidas, y opiniones de otros familiares, testimonios invaluables para profundizar en los hechos del pasado sábado.
Lo primero que les pregunto es qué tienen que decir sobre el apoyo y la solidaridad en una desgracia como la que todavía conmueve a muchas personas.
La primera respuesta, sin dármela, es esa casa que ocupan y algunos medios nuevos que noto acurrucados en las paredes, de modo que no están desamparados.
Pero no obstante, varias cosas les preocupan. “Nos dijeron que íbamos a tener un carro afuera por si mi mamá se descompensa, que nos iban a poner un teléfono, para poder comunicarnos con la familia, y que tendríamos un médico todo el tiempo, pero el que vino solo estuvo dos días, y esto está demasiado alejado”, dicen Idalmis y Yordanka.
Le siguen opiniones sobre el trabajo de los bomberos, el orden público –después del siniestro, denuncian, algunas personas empezaron a llevarse lo poco que les quedó- y agradecimientos a la solidaridad que, en general, han recibido.
Mi segunda pregunta, que lanzo como una sugerencia, busca responder la gran interrogante sobre los sucesos de ese día: ¿Qué pasó con las niñas?
Las madres, primero, concuerdan en que las personas han dicho muchas cosas que no son verdades. “Es muy feo lo que se dice, los que nos reconocen nos cercan para hacernos preguntas, hay gente que nos ofende. Es muy duro”.
Es Idalmis, madre de Loanda, (y de otros 2) la mayor de las fallecidas, quien nos da la versión familiar de los hechos: “Yo había salido a ver a unos parientes y estaba esperando en Santa Rita y Paseo cuando me doy cuenta de que en la bodega de la esquina están vendiendo yogurt, así que voy a la pública y llamo a Ileana, mi vecina, para que avise en la casa. Así que, cuando sucedió el incendio, las tres (se refiere a la madre de la otra pequeña fallecida y a su hija de 19 años), estábamos en Paseo y Santa Rita¨.
En la casa, me confirma luego Yordanka, se quedaron mi mamá –Justina Matute La Rosa, de 73 años, es la tercera víctima que se menciona pues al momento del siniestro se le subió la presión arterial, tiene problemas de visión, es diabética y aunque camina, lo hace con un poco de dificultad-, y tres niñas, una de siete años, y las dos que murieron”.
Cuando llegaron, todo estaba quemándose. “Y no nos dejaron entrar, queríamos porque era posible entrar por la parte de atrás, pero la gente nos aguantaba”.
Ambas madres, aunque reconocen que las instalaciones eléctricas de la casa no estaban buenas, no concuerdan con las informaciones preliminares de los peritos en cuanto a las causas del incendio, según las cuales fue un cortocircuito en el interior de la vivienda
“Cuando el huracán Sandy nos vendieron 50 metros de cables pero todavía no habíamos hecho el montaje”.

La vecina más cercana cuenta (Actualizado minutos después a través de Facebook)

Cuenta la doctora Lisette de la Caridad Fernández que lo único que agradece de esa tarde fatal es que su padre, ya anciano, había salido a comprar pan. De modo que cuando la niña más grande que estaba en la casa a esas alturas, Lázara Alejandra (hermana de siete años de una de las fallecidas), gritó fuego, ella que estaba acostada en el suelo, se vistió y fue al lado con un cubo de agua, junto a su sobrina, que estaba limpiando.
“Cuando llegué, el primer cuarto, luego de la sala, estaba totalmente en llamas y yo llamé a Justina y a Lázara, para que salieran pero en ese momento cayeron unos pedazos de algo encendido que me golpearon, así que ellas se fueron para el fondo de la casa, que todavía no estaba prendido y yo salí a preocuparme por mi sobrina porque ya mi pared estaba quemándose. Pero cuando salí lo hice gritando que había personas adentro, la verdad no sé cómo lograron salir”, explica.
En ningún momento, asegura, “vi a las niñas más pequeñas y no sabía que estaban en la casa. Me enteré cuando vi a Idalmis, una de las madres, que viene de la bodega, y me pregunta por Loanda y le digo que no sé. Entonces caigo en la cuenta”.
Pasados varios días, todavía se pregunta cómo fue posible que ella, que estaba a menos de dos metros de la pared donde se originó el fuego, no sintiera calor o el más mínimo olor, “porque estábamos entrenadas, en cuanto sentíamos algo que oliera a quemado nos llamábamos y preguntábamos qué era. Será que el viento soplaba en otra dirección, no me lo explico de otra manera”.
De los amigos y los compañeros de trabajo, ha recibido toda la solidaridad posible, y del Gobierno, además de atenciones, “la promesa de que nos van a construir las casas, porque nosotras no podemos, y de que le van a dar prioridad”.
Otras críticas, ya las hizo, dice, a las personas indicadas. Por ahora, trata de compensar la tristeza en la casa de su madre, en el reparto San Justo, por esas niñas que todo el mundo llora. “Yo las quería mucho, una de ellas, a la que llamaba Moñi o mi Negrita, era mi vida. Cuando me enteré de eso, todo lo demás dejó de importarme”.

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