¿Disponible?

Por Yisell Rodríguez Milán

Escribo desde la rabia y el impulso, y también porque para eso es mi blog: para volcar lo que siento y lo que vivo. Esta vez me motiva una noticia familiar: ayer, por la mañana, declararon a mi madre «disponible» en su trabajo o sea, eufemismos aparte, la despidieron. A partir del 31 de diciembre ya no trabajará más en la Unidad Técnica de Inspección Estatal de la Construcción (UTIEC) de Guantánamo donde lleva seis años.

Seis años tiene allí, superándose, porque mi madre se graduó de técnico medio en electricidad (su primer puesto fue en el Central Ermita, famoso por su historia pero hoy en peores condiciones que el de la película Melaza pues ya no existe), cursó en algún momento de su juventud un Diplomado en Derecho y ejerció durante más de 10 años como asesora jurídica de una empresa de la construcción, pero después, cuando se cansó de leyes y papeleos, buscó trabajo en la UTIEC, donde empezó como jefa de Recursos Humanos y luego ocupó una plaza de inspectora estatal, atendiendo control interno y donde más reconocimientos (morales y papelísticos) no le han podido dar.

Mi madre no era universitaria, pero el puesto que ocupaba (ganado por su saber legislativo, agilidad cognoscitiva, confiabilidad y seriedad de carácter) sí, y por eso ella comenzó la universidad a través del curso para trabajadores. Decidió que, a pesar de sus 40 y pico largo de años, las enfermedades que le heredó la muerte de mi padre, su cansancio eterno por la obligación de mantener sola a dos hijas y una casa y un puerco (mamífero nacional ¿no?), bien valía la pena dedicar seis años a una carrera. Eso era algo que se debía a sí misma, y a su trabajo por supuesto. Mi señora madre nunca se toma las cosas a la ligera.

Y comenzó la universidad en Guantánamo el mismo año en que mi hermana menor iniciaba la suya en Santiago de Cuba. Ironías de la vida. Eligió la carrera de Estudios Socioculturales y entonces en la casa, debido a esta graciosa coincidencia, estuvimos las tres estudiando (mi hermana turismo y yo periodismo, como ya saben).

Pero mi madre, a estas alturas de la vida, con un montón de trabajos independientes sobre Antropología, Sociología, Cultura cubana y universal, Literatura, Artes Plásticas, Teatro, Comunicación….  no tenía Internet y las investigaciones, entre la casa, el trabajo y su edad, se le tornaban el cuádruple de difícil que a nosotras. Ni hablar a sus compañeros, la mayoría con hijos pequeños o cuasi vagabundos.

Entonces supo ella que debíamos comprar una PC porque de lo contrario sería casi imposible seguir, supo que existía una cosa llamada «Wikipedia» que podía ser «portable» y servía para instruirse, supo que sus hijas desde un laboratorio de informática de la Universidad de Oriente podían «bajarle» en PDF los libros para que no se desgastara entre los pasillos y las escaseces de una biblioteca pública…

Pero la vida no es tan sencilla y cuando ya hubo computadora (tan verde y rara como el fondo de un río musgoso), y Wikipedia portable, y muchísimos libros en PDF de todas las asignaturas, entonces le dio una parálisis….

Recuerdo el día en que llegué de la universidad (un viernes) y la hallé sentada en uno de los balances de la sala, con el rostro torcido y los ojos cual cristal empañado. Su expresión era la de quien piensa «cómo se lo digo sin que se preocupen» o «se van a asustar». Y nos asustamos, efectivamente. Nos asustó verla enferma y triste. Porque mi madre es de las cubanas duras, de las que aunque estén cansadas cargan (literalmente) al hombro la comida de la casa, de las que jamás dejan de trabajar…

Ayer el susto me repitió.

Debo decir, para no desviarme, que mi madre terminó la universidad y no en seis años, como debía, sino en cuatro. Llevó dos cursos juntos mientras la salud se lo permitió. Luego, con la vista desmejorada y entre un turno y otro de fisioterapia, siguió, se superó, me graduó a mí, a mi hermana e hizo su prueba estatal. Eso fue en el 2012.

Un tiempo antes, el Gobierno cubano, mi gobierno, había anunciado un proceso de disponibilidad laboral. Nunca como reportera me tocó cubrir eso, pero en mi cuadra, en mi casa, muchas veces oí historias sobre el tema: algunas tristes, otras injustas, algunas de boca de quienes integraban Comités de Expertos y otras de quienes quedaron disponibles por poca calificación para el cargo, porque desaparecían sus plazas… La gente iba a mi hogar a preguntarle a mi madre porque «Elsa sabe de leyes» y «nos puede orientar».

Había que desinflar las plantillas, reestabilizar la economía del país, dejar solo a quien fuera idóneo en el puesto necesario, ese fue un proceso que comprendí como lógico de toda economía, no solo la cubana, pero hasta ayer.

Porque hay que estar claros: es relativamente fácil hablar de «disponibilidad» hasta que te despiden a un ser querido, es hasta esperanzador decir que hay opciones en el sector por cuenta propia hasta que te das cuenta de que el alguien querido despedido/disponible –después de 30 años laborando como un profesional al servicio del Estado- ya ni puede ni  quiere trabajar como vendedor de pizzas o de ropas, alquilando películas, pintando uñas, revendiendo…

Mi madre ayer habló conmigo por teléfono y me contó, de pronto, como quien no da importancia a un Tsunami, que quedó disponible. Y yo quedé fría. Sin saber que contestar, pero queriendo atravesar volando los cientos de kilómetros que nos separan porque cuando te dan una noticia así lo mejor es no estar solo. Y está sola, sola de manera física y también espiritual porque no apelará.

Dice ella –que es quien sabe– que su plaza desaparece porque el control interno (su función) no es estatal sino de la contraloría y, además, ese puesto debía ser ocupado por graduados de Ingeniera civil, Arquitectura o licenciatura en algo de construcción…  y ella, aún con su universidad cursada, su experiencia y sus buenos resultados, no es nada de eso.

Sin embargo, me pregunto: ¿Ahora fue que se percató esa estructura estatal de que hacía lo que no le correspondía? ¿Hasta cuándo pagaremos los errores de la falta de profesionalidad y de previsión que nos abruma? Yo, soy una gente positiva, de las que ve casi siempre el vaso medio lleno, y no dejo de tener fe en la mejoría de Cuba y también de mi madre, de quien no dudo que volverá a la carga indetenible aunque con menos ganas porque …¿quién, que no sea un país, tiene deseos de recomenzar a los 50 años?…

Más información en

REGLAMENTO SOBRE EL TRATAMIENTO LABORAL  Y SALARIAL APLICABLE  A LOS TRABAJADORES DISPONIBLES  E INTERRUPTOS

SOBRE LA CONTINUIDAD  Y EL FORTALECIMIENTO DEL SISTEMA  DE DIRECCION Y GESTION EMPRESARIAL CUBANO

22 comentarios en “¿Disponible?

    1. Su comentario me ha parecido irónico e insensible, pero aún así se lo dejo…. por si un día recapacita le remuerda la conciencia. Y deje en paz las cintas amarillas, que esa es otra historia para nada vinculada con la que posteé.

  1. a mi me pareció muy conmovedora la historia, y pienso que nadie experimenta el dolor ajeno ni se convence y sensibiliza tanto con un problema hasta que lo vive, y yo si pienso que ella (la madre) aunque no se le ponga una cinta amarilla, si es una heroína de las de a pie, que personas como Pablo Alfonso, seguro no conoce.

  2. Perdón si el comentario le pareció irónico e insensible. PARA NADA FUE ESA MI INTENCION. Todo lo contrario, quise expresar una MUESTRA DE SOLIDARIDAD, que es el sentido que las cintas amarillas, tienen en este país (Estados Unidos) donde nació esa costumbre. Quizás al trasplantarla no se explicó el orígen de su naturaleza y procedencia. Le reitero mis excusas…

    1. De hecho no, creo que no la hará tropezar… jejej ayer volvió a llamarme y me contó que le habían hablado de este post (luego dicen que la Cuba de afuera de las redes anda «desconectada») y que no me preocupara, que en el trabajo están ayudándola a hallar soluciones y ella misma está buscando lo nuevo, el cambio… dice que a veces hay que seguirle el ritmo a la vida. Quizás lo que pasa es que yo, por mi juventud, tengo mas miedo que ella por su experiencia, tal vez ella conoce mejor este país con el que nació y sabe que no se quedará en la calle ni mucho menos.. pero bueno….

  3. Yisell, es duro pasar por momentos como éste en que se siente que se ha luchado en vano , pues al final todos los esfuerzos han valido nada para quienes se sienten dueños de nuestros destinos. Es duro si. Pero -y siempre hay un pero- HAY QUE SER FUERTES , todo lo que la realidad y la vida nos permitan. Mientras hay fuerzas y salud hay que seguir. Eres joven y tienes que sacar la fuerza desde dentro para implusar los ánimos de tu mami. Ella es fuerte y se ha crecido en momentos peores. Ayúdala a pensar en otras opciones, pero primero tienes que estar fuerte tú para ayudarla a pensar y animarse. Un abrazo. Espero encuentren salida para este momento tan difícil, pero si algo sé y estoy segura , es que de todo se sale en esta vida. Ánimo y fuerza. Un abrazo.

    1. Gracias por tu consejo Any, y por llegarte hasta mi blog. Tienes mucha razón en todo lo que dices y sí, ya estamos buscando salidas al problema. Ella tiene muchos amigos y la gente en el trabajo la quiere bien, todos intentan ayudarla. Ahora, ella tampoco está desesperada, creo que mi madre (mucho más que yo) tiene paciencia y voluntad. Menos mal.

  4. Jode, jode mucho. pero algo sé, tu mamá, mi Elsita, saldrá adelante, hay veces que estas cosas “injustas”, sirven de algo, para caminar, para dejar atrás algo que en un final ya no vale tanto la pena. No obstante, tratemos de ver que el estado laboral de tu mami no es nuevo, porque disponible, siempre lo ha estado, solo que para ustedes, sus dos niñas. Un abrazo a las tres, si es que resulta posible abrazar a tanta bondad hecha personas, las quiero. kico.

  5. Yisel, la vida me ha ensenado que cuando algo malo te pasa es porque algo mejor te esta esperando al doblar de la esquina.Animo y un abrazo desde Panama

    1. Hola, ¿cómo andas? Espero que no haya que escribir cosas así para que te des una vueltecita por mi blog o me saludes en Facebook. Y tienes razón, creo que a mi mamá después de todo quizás le espere algo mejor al doblar la esquina. Abrazos

  6. Me ha encantado el post, tocaya, y me ha dolido mucho también porque es evidente el desgarramiento tuyo al escribirlo. Bien sé que para nosotras, las que aún no tenemos hijos, no hay mayor sufrimiento que el de ver sufrir a nuestras madres. Excelente el post, conmovedor ese final…

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