Cuba, bajo el «efecto imán» de los doramas coreanos

Escrito por  Yisell Rodríguez Milán, especial para Cubasi

Cuba, bajo el «efecto imán» de los doramas coreanos

Cortos de duración, atractivos, graciosos, sentimentales y elementales, de acción, amor, policíacos o de terror, casi siempre con giros cómicos y jóvenes protagonistas que destrozan el prototipo de asiático feo, chiquito, avezado en el Kong fu y callado hasta el cansancio incrustado en el imaginario de los cubanos, los melodramas coreanos ganan espacio entre las preferencias de la población y de los cuentapropistas dedicados a la«recarga» de discos duros y memorias flash con todo tipo de audiovisuales.

En las calles, sobre todo las mujeres, hablan de ellos, aunque más de un hombre ya se vio atrapado entre los ocurrentes diálogos y la visualidad de las que proyectó el Canal Habana hace unos meses.

Por aquel entonces se emitían Mi bella dama y La reina de las esposas, propuestas que sorprendieron a televidentes «educados» por la programación nacional en el consumo de novelas brasileñas, colombianas y argentinas, y acostumbrados al alquiler de largos y llorosos culebrones mexicanos.

Ahora, entre lo que circula de una flash a otra, están títulos como Escalera al cieloSonata de inviernoCuentos de otoñoChicos antes que floresEres hermosaSueñoCuerdas del corazónEl príncipe del caféCazador de la ciudadBeso travieso, entre otras.

Hasta el vocabulario social se amplió desde que lo oriental se ve en Cuba. La gente dice los títulos lo mismo en inglés que en español, y hasta intenta pronunciarlos en coreano, y llama «doramas» a las novelas de Surcorea. El término se deriva de la palabra drama, y constituye la denominación japonesa para series equivalentes en cuanto a horario de transmisión, público meta y códigos televisivos a las novelas latinas.

Esas producciones forman parte de la programación habitual de Japón, las dos Coreas, China, Taiwán y otros territorios de la región, donde se televisan con una frecuencia semanal durante tres meses, o sea, en temporadas de invierno, primavera, verano y otoño. El tiempo limitado de su puesta en pantalla condiciona que cada serie tenga entre 12 y 18 episodios, como promedio.

Las que vemos aquí, por lo general fueron filmadas en la República de Corea (por eso se les conoce también como k-dramas), y llegaron como arrastradas por la «ola» cultural que desde ese extremo «empapa» al mundo: El siglo XXI nació con sus series viéndose por toda Asia. Una década después, ya Surcorea estaba entre los diez primeros mercados de filmes del mundo y sus compañías de entretenimiento podían financiar programas y películas con los valores de producción más altos del continente de mayor extensión y población del planeta Tierra.

Pero… ¿qué vuelve tan popular el dorama coreano, especialmente entre los jóvenes de partes tan diversas del planeta? ¿No son ellos una copia-mezcla del patrón norteamericano y latino de entretenimiento?…

En la calle, a la primera pregunta, las personas responden que les atrae ver a los coreanos hablando de amor, o desenvolviéndose en situaciones cotidianas y hasta ingenuas que van más allá de la imagen caricaturesca que tenían de ellos: impasibles, adiestrados en «patás y piñazos» e incapaces de besar en los labios a su amante, por poner un ejemplo de acercamiento físico erótico.

También cautivan sus apuestos protagonistas —vean ustedes a los famosos Kim Hyun Joong y Park Shin Hye, por ejemplo— y explican que los temas abordados son universales y casi siempre juveniles… O sea: lo mismo de siempre.

Corea del sur explota lo que tiene y funciona: usa temáticas que históricamente han vendido bien como el amor, lo sensual, la tecnología, el éxito laboral, las familias, la moda, el humor; y las vincula con lo exclusivo de esa zona del mundo: tradiciones únicas, valores humanos desprendidos del eurocentrismo dominante, vestuario, idioma y comida poco difundidos, pero atractivos en estos tiempos de globalización del conocimiento, época en que se viaja —y se sufre— sin pararse del asiento frente al televisor.

Cuando empezaron a transmitirse en otros países las primeras series coreanas, se les calificó de imitaciones económicas en las que valía la pena invertir.

Entonces eran una rara mezcla entre los modos de hacer novelas latinoamericanas (final previsto, episodios sin unidad argumental en sí mismos con tramas que continúan en próximos capítulos, exaltación de los sentimientos) y algunas formas de producir las soap operas norteamericanas (diversidad de tramas, personajes estereotipados, diseño atractivo, efectos visuales para llamar la atención del espectador…).

Pero, con el tiempo, las productoras surcoreanas han definido un estilo propio de realización que en poco se parece a las novelas del sur o el norte de América, aunque siempre se hallen puntos de contacto. Porque al final, esas fórmulas apelan a lo mismo: la comercialización de un estilo de vida que pondera el «soy lo que ves»y el «soy lo que consumo» con más o menos romance, más o menos acción, y más o menos éxito.

Claro que el éxito de estas producciones es indudable. En Cuba, por ejemplo, donde ahora se ven no solo los dramas de los últimos dos años, sino también algunos que datan de principios de este siglo, han provocado entre jóvenes de ambos sexos y muchas mujeres un furor semejante al que ocasionan los mangas japoneses entre los adolescentes.

La mayoría de estos productos, según algunas opiniones, deben este «efecto imán» a su alta factura, su cortedad y a argumentos que aunque ya han sido sobreexplotados en las películas «rosas» norteamericanas, las series de ficción y las telenovelas, los coreanos los han sabido contar de una manera «refrescante».

¿Cómo? Con el despliegue de elementos fantásticos y recursos que toma prestados del anime japonés que logran a través de reiterados close up a los ojos o al rostro de los protagonistas, los efectos humorísticos y los rápidos movimientos y efectos de cámara, que simulan acción a veces donde no la hay.

No es difícil, en resumen, sentirse atraído por un dorama coreano. Son alegres, creativos y el cubano, melodramático por excelencia, ya necesitaba de un «golpe» cultural diferente al que le llegaba desde naciones más cercanas cuya producción telenovelera, de tan intensa, se ha tornado monotemática (por raro que parezca) en medio de su pluralidad, y facilista en cuanto al uso de códigos gastados (el varón machista que enamora a la chica tímida, pobre,… o al revés: la mujer dura que maltrata al amado hasta que él, rebelándose, la pone a sus pies). Sadomasoquismos televisivos que venden, sí, pero cansan.

Lo que no se le puede negar a los dramas latinos es que, aun en medio de historias cursis y recontra repetidas, casi siempre revelan ante el televidente el entramado social de la época en que nacieron, plagada de burócratas, políticos corruptos y con una profunda desigualdad social.

Y eso es mucho más de lo que puede decirse de los atractivos dramas coreanos, donde son escasos los guiños desde los guiones a problemas concretos de un país marcado por importantes dilemas políticos, sociales y religiosos que bien valdría la pena incluir. Quizás así caiga el manto de superficialidad que perturba a quienes, disfrutándolas, a veces queremos saber más…

 

3 comentarios en “Cuba, bajo el «efecto imán» de los doramas coreanos

  1. Me ha cautivado tu blog. Muy interesante este post, coincido contigo en que estas series coreanas cautivan por su frescura y originalidad, siempre serán mejores que esos culebrones mexicanos con malas actuaciones y llanticos superficiales. Un saludo desde el oasisdeisa.wordpress.com

  2. bueno que mas puedo decir y felicitar e interesante tu blog. en donde las series coreanas son muy romanticas donde a nosotras las que seguimos dias a dia los doramas nos encantan y nos llenan de romanticismo y nos enseña al menos los valores que ahora en este tiempo se esta perdiendo asi que felicitaciones x este blog

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