Corazón de callejero

2Por Yisell Rodríguez Milán

Foto: Adriel Bosch Cascaret

Hay que mirar arriba, directo al cielo, para ver a estos artistas. Poco importa que el cuello se nos estire más de lo acostumbrado y que la cabeza quiera  caérsenos y rodar por la espalda. Vale la pena observarlos. Se ve que disfrutan dar volteretas, correr, bailar y  actuar encaramados sobre zancos y en el medio de la calle.

Dondequiera que van, lo mismo entre montañas que en las ciudades, se presentan como Opsis Teatro, inusual nombre que casi siempre explican de esta forma: “es la fusión de las partes esenciales de la poética definidas por Aristóteles, o  sea, el Melo (música), el Lexis (lenguaje) y el Ethos (argumento)”.

Sus protagonistas son seis profesores de teatro y uno de artes plásticas, graduados de la Escuela de Instructores de Arte (EIA) y activos miembros de la Brigada José Martí en Guantánamo. Ensayan cuando terminan las clases, en la casa de cualquiera de ellos, y enfilan su trabajo hacia la exploración de las técnicas del teatro callejero, la investigación sociocultural, la manipulación de títeres, la acrobacia y el uso de máscaras.

Obras como La olla de Plauto (versión libre de La olla, del comediógrafo romano Plauto),De cómo la muerte fue burlada (adaptación del cuento Francisca y la muerte, de Onelio Jorge Cardoso), El último viaje (creacióncolectiva), Historia de un carnavalGas en los porosCuentos de mi Cuba, Allá por San Mateo, Pasacalle teatral (fantasía en zancos) y Performance (estatuas vivientes), conforman su repertorio.

– Somos como uno solo, en ocasiones hemos suspendido una presentación por la ausencia de alguno de nosotros. Sin un eslabón ya no funciona la cadena porque somos como una familia que toca música, monta en zancos, participa en la producción…pero siempre juntos, dice Ángel Mancebo Ortega, uno de los actores.

Con excelentes condiciones físicas y mucha energía, estos amantes del trabajo comunitario ostentan premios tan importantes como el codiciado Escaramujo que otorga la Brigada José Martí y otros alcanzados en el Festival de la Asociación Internacional de Teatro Amateur (AITA) y en el Festival Internacional Olga Alonso.

Alberto Laguna Herrero, director en funciones de Opsis, explica que en Guantánamo, antes de ellos, no existía un grupo similiar.

Nadie, hace poco más de cinco años, se encaramaba en zancos, ni daba vueltas en el aire, ni robaba tantas risas y aplausos a la gente del pueblo, a los sencillos, a los que no acostumbran a asistir a las salas de teatro y aún así permanecen durante horas con la cabeza echada hacia atrás, amenazando con rodar, solo para ver la maravilla que los callejeros inventan en las alturas.

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