Jóvenes comunistas repiensan su organización (+Declaraciones)

Tomado de Cubahora 

Aniversario 50 de la UJC

La Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) conmemora este año sus 51 años de creada, una organización política cubana que surgió como resultado de un proceso de unificación entre las distintas organizaciones juveniles existentes en el momento de su nacimiento.

En algunos de sus discursos pronunciados y en otros trabajos, el Che, uno de los jóvenes revolucionarios más grandes que ha tenido esta tierra, reflexionaba sobre las cualidades que debía reunir un joven para estar a la altura de una organización como esta.

“La exigencia a todo Joven Comunista es ser esencialmente humano, (…) Que purifique lo mejor del hombre a través del trabajo, del estudio, del ejercicio de la solidaridad continuada con el pueblo y con todos los pueblos del mundo.”

“Los primeros en estar dispuestos para los sacrificios que la revolución demande, cualquiera que sea la índole de esos sacrificios. Los primeros en el trabajo. Los primeros en el estudio. Los primeros en la defensa del país”.

“El joven comunista no puede estar limitado por las fronteras de un territorio: el joven comunista debe practicar el internacionalismo proletario y sentirlo como cosa propia.”

A propósito de que nos llega esta conmemoración en un contexto de grandes transformaciones para el país, Cubahora ha querido reunir en este espacio un conjunto de opiniones de periodistas cubanos sobre los retos de la organización hoy, por qué nuevos caminos debe dirigirse, con qué directrices. Ellos tendrán la palabra y serán los protagonistas de este compendio.

Yoelvis Lázaro Moreno Fernández, periodista colaborador de Juventud Rebelde 

La Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), como organización que nuclea y concentra a la vanguardia de la juventud cubana, está llamada a vivir su tiempo, ha de  continuar centrándose en encontrar la hora de la nueva época, que no es más que saber por dónde enfilar los mejores destinos de una generación completamente diferente a la de hace 20 años atrás,  o a la de los barbudos que, triunfantes y deseosos de iniciar un largo proceso de construcción, bajaron de la Sierra.

Los jóvenes de hoy, la generación del iphone y el blackberry,  de la laptop y el DVD en casa, del SMS con una ortografía que no se entiende mucho con lo que advierte la Real Academia de la Lengua, merecen un prisma de análisis desde plurales dimensiones. Se trata de otro momento, otra circunstancia, incluso existen otras visiones sobre el futuro de la Revolución, que no dejan de portar una esencia profundamente marcada en la continuidad, en el legado histórico precedente, pero dadas a proyectarse, por cuestiones entendibles, de modo diferente.

Tomando en consideración, en primer lugar, que el escenario espacio-temporal de hoy está transformado con respecto al de etapas anteriores y es único, en su expresión más propia, la organización necesita aclimatar consigo el espíritu del cambio, no como la necesidad que se sustenta en un discurso a veces repetido una y otra vez, sino como un acto de realización que haga converger de manera espontánea la intención política, con las motivaciones juveniles y las aspiraciones e inquietudes del sector poblacional —diría yo— que, por su naturaleza misma, más se precia de ser movilizador del pensamiento y la transformación.

Indiscutiblemente, vivimos una Cuba en movimiento, un contexto de configuraciones y reconfiguraciones dispuestas poco a poco, de manera paulatina. Y es ahí, en esa dinámica de lo movedizo, lo emergente y lo imprescindible, y por encima de todo lo pertinente para cada momento, donde ha de sentar todas sus fuerzas la organización, con una inteligencia y un sentido agudo para examinar la realidad, y mejorarla en tanto sea posible desde cada lugar donde exista un joven en esta Isla.

¿Qué pudiera conspirar en contra de eso y en qué todavía quedan muchas quebraduras? En el desentendimiento, en la ilógica de no abrir sendas para el diálogo franco, diáfano, cristalizador de críticas, soluciones y propuestas, así como en el descuido o el carácter minimizador de la participación, no como el acto de la asistencia y ya, sino como el reconocimiento del ser humano como parte de los hechos que se generan en su espacio de vida.

Por ese trillo nada fácil, pero transitable, se enrumban algunos de los desafíos que tiene la UJC hoy. Hay un trecho recorrido, pero nunca serán pocos ni complacientes los deseos y la necesidad de ser inconformes entusiastas en aras de algo siempre superable, desde el compromiso y la honestidad, para seguir abriendo, creciendo, y tocando las manos y la mente revolucionadora de los jóvenes, que por sí es valiosa, atrevida y en extremo propositiva, como  el propio pensamiento del Che en los años fundacionales de la Revolución.

Si bien la organización está inmersa hoy en un proceso de modificación de sus estructuras que de algún modo apuesta por dinamizar la vida interna y el funcionamiento orgánico desde la base; creo que lo que más ha de buscarse es una mayor operatividad en el impostergable vínculo del documento oficial, la reunión y el debate orientado, con las posibilidades creadoras del espacio en que se desenvuelve el grupo juvenil. Hay que debatir, repensar bien las ideas ante este galopante hegemonismo cultural que nos circunda, pero pero para ello hay que sentirse cómodo, desentumecido. Y ser hasta irreverente con el grupo mismo, pues se puede hablar del Che en una excursión al río, por ejemplo, y no en las cuatro paredes de un aula, apurados casi siempre por llenar un acta y ya. La creatividad y la búsqueda de fórmulas no ameritan verticalismos, toca todos por igual.

Mónica Rivero, periodista de Cubadebate

“Nadie sabe qué cosa es el comunismo”, dice la canción. Ni falta que hace. En todo caso, se va sabiendo por el camino lo que es, y no se llega nunca a una definición. Llegar a una definición sería mal síntoma. La vida es curso, la realidad es dialéctica, no hay una pausa, no hay concepto inamovible, congelado, intocado por el tiempo. Lo que pueda tenerse en tal condición, está muerto.

En ese sentido, una suerte parecida corre lo que se entienda por joven comunista, y por tanto, una organización que lo represente. La gente y las organizaciones cambian con los tiempos. Insisto: desconocer eso, es desconocer una realidad inexorable. Y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) a menudo lo hace.

Lo hace cuando en los discursos de sus dirigentes no está contenido el espíritu ni el sentimiento verdadero del grueso de sus miembros. Lo hace cuando convierte en un gris acto formal la conmemoración de fechas patrias que evocan hombres y hechos que fueron todo menos grises y formales. Lo hace cuando convoca a reuniones masivas o concentraciones públicas y desecha con un triste pase de lista toda posible muestra de compromiso sincero, de consecuencia con ideales. Lo hace cuando el mecanismo que entraña no funciona nunca o casi nunca para defender intereses de sus miembros, y sí para exigir a sus miembros en intereses ajenos; cuando es tan efectiva para aplicar una sanción, y tan disfuncional para estimular o ser instrumento de justicia en favor de un militante. Lo hace, en fin, toda vez que un dirigente suyo habla de “tener que poner 50 personas para el acto”, como quien pone huevos para un cake.

No es posible que una organización juvenil no se ocupe más que de cifras y papeles, y que esto sea, encima, algo que se reconozca a algunos niveles, y que lo confiesen en reuniones, en tono cómplice: “Sabemos que la Juventud nada más es números y papeleo, pero colaboren”… ¿Con qué? ¿Cómo puede llamarse algo que se ocupa nomás que de cifras y papeles, con el agravante de que se trata de una organización política e integrada por jóvenes? Hay comités que colaboran haciendo actas de reuniones que nunca existieron. Conozco, no obstante, quienes siempre se han abstenido de tal práctica.

Creo que es posible y necesario que las personas se relacionen de manera diferente, cualitativamente superior, y no atados a burocratismos ridículos ni formalidades enajenantes. La UJC tiene que ser una organización joven con todo lo que eso implica, sin dejar de contemplar que,como hay vida en muertos y muertos en vida, hay sexagenarios que tienen el vigor de los veinte, y jovencitos imberbes que compiten en ánimos, acaso, con fósiles. Aun así, es lógico que el llamado al cambio se haga a los jóvenes porque universal e históricamente ha sido el grupo “elegido”, los dotados de madera para las revoluciones y para todo tipo de proceso reformador, y eso en Cuba lo sabemos bien.

Son los que están más en sintonía con los tiempos y los de mayor capacidad física y emocional para hacer resistencia a los potenciales embates de lo que sea, para vencer la tendencia a la estabilidad, al estado de peso muerto; los que no se han “encariñado” suficientemente con determinadas posturas o posiciones como para que les pueda doler abandonarlas o superarlas en caso necesario. Como dice Mafalda, una de mis teóricas preferidas, hay que apresurarse en cambiar al mundo, de lo contrario, es el mundo quien te cambia a ti.

Creo en la fuerza de la memoria de Mella, del Che Guevara, de Camilo Cienfuegos, jóvenes en todo lo amplio del sentido, figuras insignes de la organización, cuyo aliento no está, sin embargo, en ella.

Que nadie sepa qué cosa es el comunismo –agrega la canción– puede ser pasto de la censura, pero también de la aventura, apunta Silvio, su autor. Es preciso hacer más caso a esta objeción y aventurarse.

Porque soy joven, revolucionaria, y quiero construir lo que quiera que sea el comunismo, lo que quiera que dé bienestar y justicia a este y cualquier otro país, deseo para esta vanguardia –como se le llama– autenticidad, fuerza verdadera, frescura y verdadero patriotismo. Aspiro a una organización juvenil más socialista, que se sacuda de todo lo que la haga rígida y todo lo que la aleje de la verdadera condición de lo revolucionario. Sueño una juventud comprometida con sus hijos, con sus contemporáneos y su futuro. Tal fue el compromiso de nuestros mayores: el de la generación del centenario y, a su vez, de los mayores de esta. No hay, pues, mejor homenaje.

Carlos Alberto Pérez Benítez, Comunicador Social y autor del Blog “La Chiringa de Cuba

Hablar de retos en la UJC de hoy es, quizás,  el mayor de todos los retos. Y esto responde al enrarecido entorno en que se encuentra esta organización después de muchos años de pasividad y desmotivación, dos fenómenos ligados indiscutiblemente al insuficiente liderazgo  que han tenido últimamente los jóvenes en nuestro país.

Creo que el primer reto sería hacer una depuración masiva en la organización, que poco a poco tengo entendido se ha venido haciendo, pero creo que todavía falta mucho para llegar a lo que realmente queremos. Los jóvenes necesitan saberse identificados en un gremio donde todos tengan los mismos intereses, y eso en muchos comités de base no está sucediendo. Lo otro es lograr encontrar un líder verdadero, popular, y no uno impuesto, en ocasiones para nada joven y del que muchas veces los propios militantes desconocen hasta su nombre. Desgraciadamente es un hecho el que ahora mismo no se visualizan líderes  en la organización como para revolucionar la Revolución, y eso tiene un incalculable costo político y generacional, ya que la dirección del país ha anunciado el traspaso de la generación histórica a nosotros, los jóvenes de hoy y hacedores del mañana.

Necesitamos entonces, para garantizar ese futuro, contar con militantes de probada entereza, con inteligencia, cultura, sin ataduras ni restricciones revolucionarias, prestos a dar ese paso al frente del que todos hablan, y el que ha puesto a temblar  tantos pies en momentos de difícil circunstancia. Ese debe ser el espíritu del joven militante, el ansioso por llegar a las filas del Partido para revolver el gallinero, para provocar y contagiar el carácter tempestivo de país joven, ese que debe acabar con cuadradas directrices y viejos esquemas. El que deberá aportar las nuevas y frescas ideas.

Un lugar perfecto por donde se podría comenzar, pienso yo, es el sector de la prensa, ya que la juventud tiene hoy herramientas tecnológicas en las manos que no tuvieron nunca nuestros máximos líderes, y entonces nos toca asumir la defensa de esa inmensa muralla que no cesan de intentar derribar los enemigos de la revolución, y que somos los jóvenes de hoy los que tenemos la capacidad requerida para hacer de este nuestro frente de batalla. Creo que los jóvenes periodistas tienen el reto, además de llevar nuestras realidades a la web 2.0 e interactuar con sobrados argumentos en las redes sociales, de lograr de una vez y por todas una prensa mucho más justa y acertada a las demandas del pueblo cubano.  Desgraciadamente eso hoy no se cumple en muchos medios, y quiénes mejor que los jóvenes comunistas para incentivar las críticas, o un periodismo investigativo serio. Creo que ese sería el mejor de los comienzos, pues se estaría zanjando de una vez y por todas el camino a la transparencia revolucionaria y el espíritu de crítica constructiva que tanta falta nos hace, ese que no solo necesita la UJC, sino todo el país desde la punta de Maisí hasta el Cabo de San Antonio.

Diana María López, secretaria del Comité de Base del Centro de Información para la Prensa (CIPRE)

La Unión de Jóvenes Comunistas paradójicamente se nos hace vieja ante los nuevos escenarios. Envejece mientras más jóvenes le sumamos. Recuerdo haber discutido mucho en torno a la UJC que aspiramos, recuerdo que son muchos los deseos de cambiar y no puedo recordar que hayamos conseguido avanzar.   Mencionaré  tres aspectos fundamentales de los que hoy carece la UJC, aspectos que todos conocemos, y cuando digo todos, me refiero a todos los militantes y no militantes de todos los niveles: nos falta protagonismo y protagonismo no solo al interior de cada Comité de Base; nos falta también representatividad, y representatividad no solo al interior del Comité de Base; nos falta autonomía. La UJC debe ser re-interpretada, y si así lo creemos, re-inventada para nosotros mismos. Sin miedo, con la frescura de un joven rebelde, osado, revolucionario y capaz.

Liudmila Peña Herrera, periodista del periódico Ahora, de Holguín

Los retos de los jóvenes comunistas de la Cuba actual son diferentes a los de hace 60 años atrás, por poner apenas un ejemplo. Alejarnos de los esquemas, hacer más activa la participación en la organización, ser más críticos y, al mismo tiempo, proponer y participar en las soluciones de problemas que nos conciernen, para construir un socialismo superior.

La juventud comunista debe ser el ejemplo en todos los ámbitos y eso, creo, ha de revisarse, porque esta es una organización a la que se pertenece porque se cree en sus postulados, en los ideales de igualdad y mejoramiento humano. Por tanto, nadie está obligado a ser parte de una organización en la que no participe o alce su voz cuando lo crea necesario.

Ciertamente, hay problemas con el sentido de pertenencia y el compromiso de muchos militantes. Creo que en algunos casos no se escogió bien a algunos jóvenes, pero también es cierto que una organización política puede perder su nivel de convocatoria cuando sus líderes (incluso desde la base) carecen de entusiasmo y ejemplaridad. Que sea política una organización no quiere decir que adolezca de entretenimiento, diversión, debate, ayuda y solidaridad entre sus miembros.

Betsy Benítez Orozco, periodista del periódico de Matanzas Girón

Con solo 28 años, Aracelys; Chely como todos la conocen, es mi amiga, pero más allá de eso, es una periodista, madre, cantante, antropóloga y escritora. Aunque niegue lo contrario, Chely tiene dotes de líder para los jóvenes. Y no es que ella se sienta vieja, es que a veces las responsabilidades le hacen una “mala jugada” y es entonces cuando debe partirse en dos y hasta en tres para lograr todos su propósitos.

Así también, como jóvenes de nuestro tiempo, debemos llevar el espíritu insuflado de las buenas ideas. Porque si algo no nos puede faltar es el ímpetu, la rebeldía, las ganas para tocar con nuestras manos el fruto del nuevo desarrollo. Crear, transformar cada obra, proyecto o pensamiento en ciernes.

Tampoco es que debamos contar con un  documento, o papel para sentirnos revolucionarios, la militancia se lleva en el corazón y no en un caudal de palabras escritas en un bonito y tedioso discurso. Ese no  es un  reto solo  para los dirigentes juveniles, sino para cada cubano capaz.

Decir, hacer pensar, y actuar de acuerdo con los principios que nos han enseñado, es construir también la sociedad, sin miedo a lo diferente. Los errores, lejos de enquilosar los procesos, se toman como experiencias acumuladas; no se olvidan, pero se superan; hemos de cambiar lo que ha de ser cambiado.

Para eso, dejemos a un lado los lenguajes finos y coloquémonos del lado de los humildes. Pero… hagámoslo hoy. Tomemos el ejemplo de Chely, quien no se  detiene; no se cansa de lograr con sus manos el milagro de la amistad.

Leticia Martínez, periodista del diario Granma

El primer reto que tiene la organización es representar realmente los intereses de la Juventud cubana, que no es la misma juventud de hace tres décadas, no es ni siquiera la juventud de hace una década. La UJC tiene que ajustarse al momento que vive el país, tiene también que actualizarse, modernizar sus métodos, sus reglamentos, sus estatutos y convocar a los jóvenes a aportar ideas en la búsqueda de una Cuba más eficiente.

Creo que los jóvenes tienen que ponerse al servicio de la Revolución, y ponerse hoy al servicio de la Revolución no es subir a la Sierra, tampoco cortar caña o alfabetizar. Ponerse a disposición de la Revolución hoy es volver a ser vanguardias en el pedacito que nos toca, en cualquier centro de trabajo, en cualquier barrio, en cualquier escuela. ¿Por qué seguir esperando a que nos lleguen las tareas de “arriba”? ¿Por qué seguir esperando a que caiga desde arriba el tema a discutir en una reunión del Comité de Base, tema muchas veces alejado de la realidad que vive el militante?

Creo que de allí parte la apatía o la falta de sentido de pertenencia que algunos sienten hacia la organización, que en muchos lugares se ha convertido solo en el espacio para la reunión, el acta, la cotización, las sanciones…Y no solo es una responsabilidad de la Organización, o de sus dirigentes, es también responsabilidad de los “militantes de a pie” que no proponen iniciativas, soluciones o actividades para salir del letargo que va de una reunión a otra.

Un militante periodista no creo que se diferencie mucho de un militante médico, maestro, cooperativista. A todos nos corresponde ser responsables en nuestras áreas de trabajo, ser ejemplos, estar a la vanguardia, plantear nuestros criterios a pesar de no coincidir con la mayoría, hacernos sentir como Organización, no andar pidiendo espacios como si de favor se tratara, sino ganárnoslo con el mismo respeto que inspira el Partido en cualquier lugar.

La organización ha perdido terreno, impulso, capacidad de movilización, de liderazgo. Cierto que no son los tiempos de la efervescencia de la Revolución, de las grandes batallas, de las grandes movilizaciones, mítines…Pero estos son tiempos quizás más complejos donde se juega el futuro de la Revolución, específicamente en el campo de la economía, de los valores, y contamos con excelentes jóvenes, preparados, estudiados, que podrían (y tienen) que poner sus sapiencias en la solución del sinfín de problemas que agobian al país. Pero para eso no podemos sentarnos a esperar a que “alguien” nos pregunte qué pensamos al respecto. Creo que la Organización tiene que poner sobre la mesa las soluciones, las iniciativas…

La juventud cubana, más que criticar, que está muy bien que critique, tiene que proponer soluciones. A veces nos ponemos en posición de francotiradores; claro está, es más fácil, como dice Silvio, “hacer leña con todo y la palma”, lo difícil es hacernos parte del problema, comprender que nosotros también podemos ser parte de la solución.

Oscar Figueredo Reinaldo, secretario general de tercer año de Periodismo, de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana

La UJC, como la organización de la juventud cubana, tiene ante sí disímiles retos, más hoy, cuando el país está en plena actualización de su modelo económico, el cual indiscutiblemente generará en un futuro cambios no solo en nuestro modelo de gestión económica, sino también en nuestra sociedad. Creo que la UJC debe adecuar su accionar en este contexto. Para ello, los Comités de Base deben generar muchas actividades y romper la inercia que muchas veces se critica, pero que al final no se rompe. Ser menos esquemáticos y dejarnos de preocupar tanto por las actas o la cotización, a veces perdemos más tiempo en eso, que pensando que es lo que realmente le preocupa a nuestros jóvenes. Otro elemento fundamental es elevar la preparación política de nuestros jóvenes. No todos los militantes tienen la preparación necesaria y se dejan llevar, en ocasiones, por comentarios poco fundamentados o sin sentido, más aún cuando deberían ser la vanguardia de la juventud. Así mismo, se deben discutir los temas que más nos preocupan, y en pos de eso, las Vías de Instrucción Política deben dialogar siempre con lo que piden nuestros militantes. Igualmente, debe existir un mayor intercambio entre la base y las instancias superiores.

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