Ocho hijos porque sí

Se llama Miraima, tiene 37 años, y el 21 de abril del 2013 dio a luz a su octavo hijo. La conocí en  la sala 3H del Hospital General Dr. Agosthino Neto, de Guantánamo, mientras esperaba a que Margarita, una de mis tantas primas, saliera del salón donde tendría su tercer descendiente. Ashley, la próxima Milán, atormentando a su madre con levísimas contracciones se hacía la dura y demoraba en salir. Por eso yo -para entretenerme y porque el vicio preguntón del periodista es demasiado fuerte- acosé a preguntas a Miraima.

Si digo la verdad – verdad lo que me asombró de ella, además de la impresionante cantidad de chavales que tiene y su juventud, es la calma con que asumía su embarazo. Es una lástima que no tenga fotos para que la vieran: india joven, bonita, sentada con las piernas semiabiertas, un vestidito de flores, y la barriga que parecía un huevo gigante empinándose hacia el techo, pero tan tranquila como el amanecer. Dice que la experiencia de tantos críos traídos al mundo hace rato que le quitó los nervios.

La pregunté si trabajaba y me dijo que no, que con lo que gana su esposo como cuentapropista y con su finquita en Arroyo Negro, en el municipio de Niceto Pérez, les da para vivir. Comentó que había trabajado “para el Estado mucho tiempo” sin especificarme donde, pero que se sentía mejor cuidando a los niños y, además, “tenemos una casa grande, con techo de zinc y paredes de mampostería, de tres cuartos, cómoda, donde cada uno tiene su camita excepto los dos varones más grandes, y vivimos solos, sin suegros alrededor”.

– Cuántos años tiene el mayor de tus hijos?

– Es hembra, y tiene 18.

– A qué edad la tuviste?

– A los 19 años.

– Y el que le sigue cuántos tiene?

– Ese tiene 12, y es varón como los otros seis. Se llevan entre todos uno o dos años de diferencia.

– Te pareceré indiscreta pero, no puedo evitarlo… todos tienen el mismo padre?

Miraima, que ya tiene un círculo de curiosas embarazadas y acompañantes alrededor, se ríe. Luego responde que no, que la primera no es  de su esposo, pero el resto de la tropa sí. Él tiene también 37 años y se llama Yannole. Nombre raro, le dije, y ella otra vez volvió a reír. Sospeché que por ahí vendría otra sorpresa.

– Sí, es un poquito raro, y empieza con Y, como el nombre de sus siete hijos.

– Querrá él armar un equipo de pelota?, cuestioné jocosa.

– Bueno, si es eso, que sepa que se lo dejaré incompleto…

– Oye, ya en serio, porque tuviste tantos hijos con lo dura que está la vida?

– Porque sí. Me gusta tener niños. Nosotros somos los únicos en nuestras familias que tenemos una descendencia tan grande. Además, yo creo que esos varoncitos son los que me cuidarán cuando esté vieja.

Una de las mujeres que nos rodean, a rajatabla, le pregunta a la muchacha si no “se sacó alguna barriga”. Ella responde que sí, justo unos meses antes del actual embarazo, y que con este también lo intentó pero “se me subió la presión y decidimos tenerlo”.

Otra señora pregunta cómo se las arregla para mantener ordenada la casa con tanto chiquillo suelto y si su hija la ayuda. Miraima dice que fácil: “Mi hija mayor sólo se encarga de algunas tareas y me cría al que tiene dos añitos, porque nació con una displasia en la cadera. Yo me encargo de todo y de todos los demás, pero los tengo entrenados (sonríe). Los más grandecitos lavan sus trusas y sus medias negras, lo demás me lo dejan a mí, y con respecto a las travesuras reconozco que son muy buenos porque entre ir a la escuela y a la iglesia se les va el día sin volverme loca”.

  • Vas a la iglesia?, inquiere otra mujer, esta vez con una clara expresión de asombro en el tono de su voz.

  • Sí.

  • Y eso no te impide hacerte abortos?

Este es mi cuerpo, es lo único que responde Miraima.

Cualquier parecido de esta conversación con una conferencia de prensa es pura coincidencia. En realidad, que una mujer tenga hijos no debería asombrar a nadie, ni atraer tanta atención, después de todo parir es un proceso perfectamente natural, pero estos son tiempos económicamente tan difíciles que es natural que a cualquiera le extrañe que todavía existan por ahí familias semejantes a la de Miraima: amante de la algarabía, de la descendencia inmensa, del correcorre intenso, de los gastos multiplicados…

Sea como sea: Cuba se lo agradece. Aquí desde el 2006, según una nota publicada en el periódico Granma, la población decrece vertiginosamente, los nacimientos han disminuido con respecto a pasadas décadas, y ya andamos entre los 50 países del mundo con mayor cantidad de personas con más de 60 años de edad.

Pero dicen los sociólogos que para garantizar el crecimiento poblacional equilibrado y que la cantidad de ciudadanos en edad laboral no decrezca en un futuro -como ocurre actualmente en el país- cada mujer debe tener más de dos hijos como mínimo, y uno debe ser del sexo femenino.

Por eso no es raro que la gente se asombre al escuchar casos como el de esta mujer o el de Dayami, aquella joven del municipio guantanamero de El Salvador a quien visitó el presidente Raúl Castro en noviembre del 2012, y que tiene nueve pequeños.

Ambas, Miraima y Dayami, con su filosofía de vida, desafían los porqués y las razones más contundentes para no procrear: estudiaron hasta el nivel medio superior y aun así mantienen firmes su felicidad por sus muchos descendientes, trabajaron y cobraron tristes salarios pero estiman que en otros tiempos (en clara referencia a antes de 1959) era peor y las familias eran más grandes que hoy, e incluso saben que tienen opciones para no aumentar, si así lo desean, sus descendientes sin embargo han decidido no tomarlas porque no, porque tienen el derecho natural ser madres y lo aprovechan.

2 comentarios en “Ocho hijos porque sí

  1. Reblogueó esto en Desde este lado de la Islay comentado:
    Solo con heroínas de la vida como este caso, se puede ir luchando contra el envejecimiento poblacional, problema que se espera que en el 2030, sea un problema categoría 5 en Cuba, y cuya única solución es motivar la natalidad desde el Gobierno, con ayuda a las mujeres, paraque no vean en procrear una limitación. Buen post Yisi

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *