En Los Calderos, de Imías.

Aquello es zona de silencio, pero no lo parece. Basta estar a unos metros del poblado Los Calderos, en el mismísimo corazón de las montañas más orientales de Cuba, para escuchar la algarabía generada por las actividades veraniegas organizadas por instructores de arte y del deporte desde su “puesto de mando”: la sala de video.
No hay en ese lugar instalación que aglutine más personas durante julio y agosto -en especial ahora que cumple y festeja sus diez años de creada-, ni sitio con asientos más cómodos, ni mejor iluminación… para planificar los entretenimientos que libran a la comunidad de la monotonía cotidiana y el fatalismo geográfico que les impide disfrutar en las casas del televisor propio.
Visité el lugar para hacer un reportaje sobre el verano. Luego les doy detalles.

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