Extraños aparatos infantiles toman Carnaval de Guantánamo

Nota: Les debo las fotos.

Por: Yisell RODRÍGUEZ MILÁN

La calle Beneficencia, desde Paseo hasta la Ave. Camilo Cienfuegos, es la mejor área del Carnaval guantanamero. Allí no hay borrachos en demasía, ni peleas, ni roces aprovechados. Ese es el espacio de los niños y sus padres, de los muchos juegos tradicionales y los no tanto, y de gastos en  algodón de azúcar, helados, caramelos y otras chucherías…

Tampoco faltan en el lugar los tatuadores de ahora, auténticos imitadores del oficio real que dibujan especialmente a los niños palomas, rosas, el che, tigres, dragones etc… ahí donde las madres les permitan. Cada dibujo, en rojo, negro y amarillo, cuesta cinco pesos o más.

Si embargo, lo inusual de esa calle desde hace alrededor de cinco años no son los tatuadores, ni los dulces, ni los gastos, sino los extraños aparatos que la inundan. Se trata de gigantescos artefactos de hierro, confeccionados de manera artesanal por los cuentapropistas y que simulan un parque de diversiones mejor equipado y más emocionante que el viejo Elpido Valdés del Reparto Caribe.

Aunque este último –según algunos padres- es el número uno en la preferencia infantil por sus muñecones eléctricos, el tren, los columpios, las sillas voladoras y las múltiples y no tan caras ofertas gastronómicas, nadie podría dudar del impacto que han tenido las máquinas del centro de la ciudad.

Hay de todo en esa arteria, especialmente en tiempos de Carnaval: bicicletas, motos y autos de carrera, guaguas Astro de los más diferentes tamaños, copas que dan vueltas, aviones, caballitos, estrellas altísimas que ponen a los chicos a dar vueltas de cabeza…

Incluso colchones inflables que simulan canchas de fútbol donde los casi bebés juegan y se caen sin que nada les pase. Es esa una muestra de cómo un hombre, necesitado de dinero y conocedor de que lo diferente es potencialmente consumible, le saca dinero a lo que en otros países es un juguete tan normal en los hogares como el agua en la cocina.

La mayoría de los aparatos funcionan con electricidad, tienen uno o dos operarios veinteañeros y cobran dos pesos por niño, a quienes hacen girar, zarandearse, o… sólo gritar,  durante más o menos dos minutos. Lo cual, créanme, es suficiente.

Seguridad no falta allí: barras de hierro aprisionan los cuerpos contra los respaldos de las sillas mientras que otra reja –por donde la cabeza sobresale- protege los hombros y permite el aguante de las manos infantiles…

Quienes operan las gigantescas máquinas, en su mayoría, son nómadas. Viajan de una provincia a otra, con sus enormes cargamentos y alquilando camiones, en busca de fiestas populares como esta y sus ganancias que superan, a diario, los 40 mil pesos.

A ellos –independientemente de que ese sea su negocio- deberían agradecerles los niños guantanameros su carnaval, que de otra forma, sería tan mugroso y falto de brillo como el de los adultos.

2 comentarios en “Extraños aparatos infantiles toman Carnaval de Guantánamo

  1. Hola!!, encontré este blog a través de nubecita, este post me ha gustado mucho, también me llaman la atención los miniparques de diversiones que pululan en las ciudades cuando hay carnaval, sobre todo porque allí los niños se quitan las ganas de tanto óxido que les han dejado en los grandes parques japoneses (así le llaman en Holguín) de los 80′. Un abrazo!!!

    1. Bienvenida a mi blog, Chely. Tengo varios amigos por allá por tu provincia y me place mucho tener una más a través del blog.
      Coincido contigo, estos parques de diversiones para nada improvisados que han armado los cuentapropistas por toda Cuba son dignos de elogio. Imagínate si las autoridades del gobierno decidieran fusionar los particulares con los viejos parques de diversiones estatales. Ahí sí que los padres se arruinan, pero sería tremenda fiesta jejeej

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