Se extinguen los héroes “a la cara”

A veces, sólo a veces, cuando es noche cerrada y ya nadie, o casi nadie, circula por calles, pueden escucharse llantos de niños desvelados, el ruido de un motor que batalla por arrancar o las peleas de alguna mal llevada relación familiar, amistosa o de pareja.

Tengo algunos colegas que refieren, quizás por remordimientos de conciencia, que ellos han sido testigos de estas últimas situaciones, riñas en las que poquísimos intervienen aún a sabiendas de que puedan acabar en golpizas,  brazos partidos, heridas graves o la muerte.

No digo que antes también no fuera así, que la gente careciera del miedo a intervenir en conflictos que “no les tocan”. Todo lo contrario, pero algo ha ido afectando el corazón de una sociedad que antes, según mis padres, fue más cálidad y aventurera con la vida del hermano.

Pero las cosas no deberían quedarse ahí. Es injusto.

Además, resulta atemorizante pensar que en nuestra sociedad un ciudadano pueda estar tan ajeno a lo que sucede a otro, o peor aún, que nadie nos socorra si un día atravesamos una situación similar.

Y es que ya los golpes van más allá de las caras de sus víctimas. Ahora también se producen “a la cara” de los vecinos, de los amigos cobardes, de los poco convencidos de que intervenir para ayudar al prójimo vale la pena.

Pero ese inmovilismo social no es “cosa de otro mundo”, sino un mal generalizado que corrompe y responde al miedo a ser golpeados en defensa de quien jamás habíamos visto o a pagar los platos rotos de un desconocido.

Se actuamos de esta forma aún conociendo que con esa no-reacción sólo conseguimos que los violentos se libren de lo que “guarda” para ellos el Código Penal. Nadie piense que golpear carece de consecuencias, porque cuando se producen lesiones corporales graves o se daña gravemente la salud de otra persona, el culpable “paga” con una pena entre dos y cinco años en prisión.

Incluso hay aleccionamientos para aquellos que agreden, aunque no hayan puesto en peligro la vida de sus víctimas, lo cual  demuestra que cuando callamos esos incidentes sólo evitamos que los violentos cumplan el tiempo que les corresponde tras las rejas.

Lo peor de todo esto es que, aunque las agresiones en las calles cubanas no sean la más común sí suceden, como en cualquier otra sociedad del mundo, sin embargo ninguno de nuestros aparatos legales regula el deber del ciudadano a denunciar los actos violentos que pueda presenciar.

Esa cuestión influye en la conciencia social del ciudadano pues el hombre ya no busca salvar, rescatar, librar del peligro al que pide auxilio. La cotidianidad lo adaptó demasiado bien a vivir al margen de toda responsabilidad, excepto aquella que salga del corazón, con su vecino.

¿Qué pasó? No sé, quizás en Cuba esos que se ocultan tras las ventanas o que se alejan cuando ven golpear a un coterráneo acabaron, como en silenciosa guerra, con los pocos héroes que habían contagiándolos con su miedo y su inercia.

O tal vez hay que retomar las ideas que alguna vez apasionaron a nuestros mayores con la justicia y sus atrevimientos infinitos.

1 comentario en “Se extinguen los héroes “a la cara”

  1. No es miedo, es respeto, antes la gente se caían a puñetazos, pero hoy la historia es diferente, la gente se faja con cuchillos, navajas, botellas o cualquier otro objeto punsante, y por desgracia paga el que no tiene nada que ver y viene a separar, su familia es la que llora entonces sin respuestas ni culpas.
    Esas historias de héroes encapuchados es muela de tv, la vida es distinta, ha sido siempre así, no es dejar de ser cubanos y solidarios es cuidar la vida y la felicidad de su familia, la paz es lo que debe imperar, debe ser inexistente la violencia. Este tema es candente, pero la realidad es tan dura que no se ni que poner ahora, por eso hago silencio.

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