Aquel que me soñó

“Cuando se muere alguien que nos sueña, se muere una parte de nosotros”.

                                                                                                                                                     Miguel De Unamuno.

El 26 de abril de 2004 fue mi día más triste.  Hoy ya no recuerdo qué hacía cuando me dieron la noticia, ni de cómo reaccionaron mi hermana y mi mamá. A duras penas revivo el fuerte olor a formol con que embadurnaron su cuerpo y esa expresión como de hombre satisfecho que tenía mientras se le velaba en la funeraria. Nada más.   

Supongo que eso es lo malo de las memorias biológicas, para ellas no existen programas recuperadores.

A partir de entonces me prometí recordar a mi padre al menos por cinco minutos diarios.  Reté al olvido a una batalla campal de la que no puedo decir que haya salido victoriosa.

Mi padre dejó el mundo de los vivos sin ver a mi hermanita cumplir sus añorados 15 y creyendo que su hija mayor (enemiga de las matemáticas) sería una buena mecánica.  No nos conoció novios ni amigos reales. Nunca compartió con nuestros suegros. No nos ayudó a elegir carreras ni nos aconsejó durante la vida universitaria.

Tampoco vio a mi madre desfallecer para, luego de terribles años de soledad y lágrimas ocultas, levantarse y trabajar. Solo estaba ella para pagar universidades, ropas, comidas, diversiones y gastos cotidianos.

Es difícil recordar a la persona que nos hizo y nos soñó cuando se ha perdido lo mejor de nuestras vidas. Pero, imposible no.

De vez en cuando, bocarriba en mi cama, vuelvo atrás, muy atrás, con preferencia a ese primer recuerdo de nosotros mirando una película en inglés que le pido que lea mientras él lucha contra el sueño, y yo insistiendo e insistiendo porque era muy pequeña.

Y de ahí brinco a los domingos lluviosos en que ninguno de los cuatro salía de la casa. Esos eran días felices: mi padre y mi madre tirados en la cama y nosotras modelando para ellos, o ejecutando alguna “obra de teatro”, o caminando detrás de cualquiera de los dos, o peleando entre nosotras lo que acto seguido generaba respuesta (o gritos) por parte de alguno.

Cómo a ráfagas llegan también los juegos míos y de mi hermana en la estación de trenes en que él trabajaba; las tardes en que llegaba con helado y dulces a la casa; su paciencia para explicarnos la historia o las matemáticas y las gigantescas discusiones que se armaban cuando no coincidía con la maestra; esa “comida de putas” (arroz blanco, huevo frito y platanitos) que le llevaba a Rosy a la secundaria para respaldar la débil merienda estatal; y los días de feria en que me daba dinero para libros más grandes que yo.

Aún así es poco lo que recuerdo. A veces necesito más, mucho más. Me faltaron tantas por saber de él, y es que a los padres a penas sus hijos les conocen.  De ellos solo vemos lo que hacen por nosotros, lo que muestran el día tras día.

La reflexión es para que hagan, si así les place, lo que se me ocurrió cuando la memoria me falló: aprovechar a mi madre la única persona que más me sueña ahora. A ella le pregunto de su juventud, de sus razones para estar brava o alegre, de sus nostalgias y proyectos.  De esta forma aseguro la menor cantidad de interrogantes posibles para cuando no esté y hasta la entiendo mejor.

5 comentarios en “Aquel que me soñó

  1. Mi niña, èso si que es un ECO que resuena, me has hecho llorar y al mismo tiempo revivir viejos, pero no olvidados tiempos. Muy BELLO lo que has escrito de mi ìdolo, mi hermano adorado, nunca dudes de que el fuè feliz en cada minuto, dia, segundo que les dedicò a las 3, a tu mami, porque esa era “su blanca”, asi nos decia a nosotros y a ustedes, porque al llegar a su vida representaron el centro de todo, mas nada giraba ya a su alrededor, solo ustedes, eran el centro de su vida, las amaba profundamente y debes saber que donde quiera que se encuentre hoy, està FELIZ Y SATISFECHO de las dos, lamento mucho, mucho que la vida se lo llevara tan joven, sin ver tantas cosas lindas que sucedieron luego en sus vidas, pero que le vamos a hacer, es ley de la vida la muerte y contra ella, solo nos queda esto, recordar para no olvidar, Un besote.

  2. Primita toda nuestra familia estamos muy orgullosos de ti y sabemos lo dificil que es no tener a tu papito cerquita para poder hacer todas esas cosas lindas que acostumbrabas hacer con el ,pero tienes ahi una buena madre y una exelente hermana y una gran familia con la cual has podido contar siempre.
    Te quiere mucho
    Yamila

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